martes, 18 de febrero del 2020

Crónica: Navidad en el Humnt

1:26 pm
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Acostada en una cama de hospital en medio de enfermizas paredes verdes, con una bolsa para el dolor conectada al brazo y sin poder comer nada sólido o tomar más de cuatro dedos de agua. Con las hallacas prohibidas de por vida y añorando un vaso de Coca Cola, así pasó “Zulay” su navidad en el área de hospitalización del Hospital Universitario “Dr. Manuel Núñez Tovar” (Humnt).

Zulay” fue internada en el Humnt el lunes 23 de diciembre para extirparle un tumor en el estómago del que tenía conocimiento desde hace 15 días cuando la mujer de 64 años comenzó a sentir “un dolor como de menstruación”.

Su cuñado había muerto de algo parecido hacía menos de seis meses. Una de sus sobrinas era médico y por suerte, tenía los recursos para costear los exámenes requeridos en 200 dólares cada uno.

Eso fue lo que hizo que la operación fuese un éxito: la guardia alta, un diagnostico temprano y dinero.

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Nochebuena no tan buena

Irónicamente, “Zulaypasó la semana previa a la operación preparando entre 200 y 500 hallacas diarias para la venta. Nunca más probaría el tradicional plato navideño y el olor a guiso le salía por debajo de las uñas.

Sus hermanas y sobrinas la acompañaron hasta cerca de las 8 de la noche, cuando fue la hora de la cena, entonces le tocó la guardia a sus dos hijos quienes incómodamente se acomodaron en una camilla junto a la de su madre.

Si hay en Maturín una familia alegre, esa es la de “Zulay” pero en su casa las caras largas debajo de cabellos arreglados y en cuerpos bien vestidos protagonizaron una noche sin música ni baile y antes de medianoche todos estaban dormidos.

“Una noche sin bombos ni platillos. Ni cuando murió mamá fue tan deprimente y este año teníamos comida de sobra”, dijo “Sarah” una de las hermanas de “Zulay”. “Lo triste es que por los vientos que soplan, el 31 será igual”, concluye.

“Navidad estuvo un poco mejor”

“Las muchachas (las sobrinas más jóvenes) salieron a la discoteca y regresaron alegres y risueñas. Amanecieron con más ánimo, desayunaron el ‘recalentado’, se arreglaron y nos fuimos al hospital, allá la cara de ‘Zulay’ nos puso de mejor humor”,  recuerda “Sarah”.

El 25 de diciembre el rostro de “Zulay” había recuperado su color y ya podía hablar, sentarse y caminar con ayuda. Recibió visitas de todo tipo y muchas más llamadas de aquellos que se encontraban lejos. Fue un buen día donde resurgieron las bromas y los chistes pesados propios de la familia de “Zulay”.

Lo deprimente continúo siendo el hecho de tener que estar en aquel cuarto de hospital, el 17 del cuarto piso del Humnt, un hospital en decadencia donde el ascensor es solo para pacientes y funciona hasta el tercer piso, donde las habitaciones no cuentan con servicio de agua y donde tienes miedo de caminar con el teléfono en la mano y te da asco tocar las paredes.

Antes de internar a “Zulay” sus hermanas tuvieron que ir a limpiar la habitación, llevar sabanas limpias y cargar tobos con agua.  

Por Elly Hernández 

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