viernes, 13 de diciembre del 2019

Detrás de las mentiras

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Existe hoy en día un periodismo cada vez más impúdico empeñado en convencer a la sociedad de la supuesta idoneidad ética en la que se basaría su manejo de la verdad, cuando en la práctica es exactamente todo lo contrario.

Es ese periodismo que aparenta inocencia en la manipulación o falseamiento de la realidad, a través de una bien fingida ecuanimidad y un insulso equilibrio en el tratamiento de la noticia, y una muy calculada adjetivación a favor de los dueños del gran capital y en definitiva del imperio norteamericano, orientada a predisponer a la gente en contra del gobierno.

A veces, pero muy a veces, pareciera incluso que no lo hacen por convicción, sino porque su bien entrenado instinto de sobrevivencia neoliberal les indica que es más sensato cuadrarse a tiempo con el poderoso, antes que comprometerse de alguna forma con las clases que ellos asumen como subalternas en la sociedad.

Un periodismo de “generadores de opinión” que se convierten con deslumbrante facilidad en líderes de esos sectores de las clases pudientes que se consideran “beneficiarias” de esa línea editorial prepagada y sin escrúpulos.

Sirven de tontos útiles en el ilusorio ascenso social al que aspiran los desclasados que sin pudor alguno se entregan a toda abyección que justifique la exclusión y la injusticia si en ello va aunque sea la más mínima posibilidad de alcanzar el idílico edén neoliberal con el que sueñan.

Es el periodismo que sale a las calles y que a “pulsar la opinión de la gente” acerca de la situación económica, pero que al final del día termina su reportaje sin analizar en lo más mínimo las causas de la misma sino sus efectos y, lo que es más vergonzoso, dejando esa opinión como un vulgar biombo que solo sirva de camuflaje a su exaltación del capital.

En sus historias no aparece jamás el imperio sino para ironizar con toda hipótesis que lo advierta.

Para ellos no hay bloqueo ni sanciones arbitrarias, inhumanas e ilegales. Así como tampoco ningún empresario especulando, acaparando, bachaqueando, o contrabandeando. Se las arreglan para que la gente termine siempre creyendo que el culpable del padecimiento de los pobres es el gobierno.

En vez de ir “detrás de la noticia”, como hace el periodismo ético, ellos van “detrás de las mentiras”.

Por: Alberto Aranguibel

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