sábado, 18 de enero del 2020

El derecho a no tener hambre

12:37 pm
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Me atrevo a decir que el derecho a no tener hambre no está constitucionalmente establecido en ningún lugar del mundo. Lo que existe en las constituciones de los Estados es la obligación alimentaria, o sea, la obligación de los padres de dar alimentos a los hijos y ese deber de los hijos hacia los padres, pero no se llega a entender que los hambrientos tienen el derecho a la alimentación y que la especificidad de ese derecho apunta -como lo dijo hace un tiempo Amartya K. Sen, premio Nobel de Economía- a discutir el derecho más elemental de la persona en relación con la responsabilidad política y moral de la sociedad. Aquí es donde el Estado socialista debe asumir su grandeza para construir un derecho fundamental de la vida.

En Venezuela, la Constitución se acerca a la lucha contra el hambre al señalar que la ley establecerá las medidas necesarias y adecuadas para garantizar la efectividad de la obligación alimentaria. Pero todo se reduce a un deber, no a un derecho. Por ello, en estos momentos en que se debate una nueva Constitución, y tratándose de un tema de mucha relevancia en países con elevados índices de pobreza como en África y América Latina, e incluso un punto de advertencia para países “en vías de empobrecimiento” o de paises desarrollados con apreciable porcentaje de pobres viviendo en carpas o en cualquier espacio de una calle, es oportuno que la Constituyente convierta a la Constitución bolivariana en la primera que asuma, sin utopías o poesía programática, el derecho a no tener hambre.

Es un derecho de vital importancia en estos tiempos de crisis para una sociedad, como la venezolana, hoy totalmente sensibilizada para entender la importancia del derecho a no tener hambre y aceptarlo en un alto nivel constitucional, moral y político, que garantice la actuación estatal en la protección de toda la población, con prioridad al socialmente débil. Los clap, por ejemplo, en la medida en que no se desnaturalice su función colectiva, se extienda cada día a más sectores y se perfeccione como una estructura central de la seguridad social, será una de la tantas expresiones en el cumplimiento efectivo de ese derecho. En fin, el día en que se afirme constitucionalmente este derecho a no tener hambre, hablaremos en un tono distinto y de una sociedad productiva, verdaderamente humana y de real convivencia pacífica. Sin mezquindades.

Por: Beltrán Haddad

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