domingo, 08 de diciembre del 2019

El Muro de Berlín: La cicatriz de un pueblo dividido

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Suena el teléfono. Se enciende la televisión. Muchos lloran sin saber si es felicidad o tristeza lo que sienten en este momento: cayó el Muro de Berlín.

Noviembre de 1989 cuando, mientras Venezuela se recuperaba de las medidas económicas que ocasionaron el Caracazo aquel febrero,  En Europa Berlín Este y Berlín Oeste se encontraban cara a cara por primera vez en 28 años cuando la conocida muralla que separaba a la Alemania capitalista de la comunista, se vino abajo.

Los espíritus revolucionarios celebraron en el centro de Alemania, aquellos que habían sido “secuestrados” por el lado comunista se sintieron libres y temerosos a la vez. Muchas familias, separadas solo por estar cada uno de un lado de la acera, de pronto se encontraron con sus parientes canosos para darse un abrazo que, aquella misma mañana, creían imposible.

La ilusión disfrutar la economía rentable ofrecida hasta la fecha por la República Democrática de Alemania, invadió el aire en lo que fue un sueño de primer mundo para aquel país que aun se recuperaba de los estragos de la Primera y Segunda Guerra Mundial, pero en cuestión de días todo dio un giro inesperado por los ciudadanos y predicho por los economistas: el sistema financiero se vino abajo.

En el antiguo Berlín Este (lado capitalista) se anunció un aumento de salario, un desmesurado incremento, impagable para el sector empresarial, los jefes no tuvieron otra elección que prescindir del personal, casi el 50 % de los trabajadores en puestos fijos se convirtieron en desempleados la mañana después de caer el muro.

Las familias, en un momento separadas por los 155 kilómetros que comprendían el Muro de Berlín, comenzaron a desintegrarse porque muchos de sus miembros se fueron a cualquier lugar que les ofreciera un empleo.

Relatos de hombres y mujeres en cursos de capacitación se hicieron populares. Los profesionales comenzaron a valerse de habilidades que no sabían que tenían, olvidarse de la vocación y “trabajar de lo que haya”.  A los niños, se les arrebató la infancia y recibieron en cambio un duro golpe de realidad, en muchos casos acompañado de hambre. La economía de una ciudad rentable dio un giro de 180 grados, sin quererlo, volvieron a vivir las ruinas de una guerra.   

La natalidad disminuyó en un 50 %, llegando a niveles más bajos que aquellos contabilizados durante la Gran Guerra y el Tercer Reich. Berlín era otra y tardó en recuperarse, incluso hoy, 30 años permanece en la ciudad alemana la cicatriz de un pueblo dividido.

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Por Elly Hernández // @Elly.hernandezs

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