lunes, 06 de julio del 2020

El yo consciente y la sociedad vigilante

12:11 pm
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El filósofo español Javier Roiz ha investigado arduamente sobre el poder y el gobierno de sí mismo llevándonos a la figura del “yo inconsciente” que es “esa parte de nuestra vida que no está bajo control de nuestro yo, o de nuestra conciencia”. Apoyándose en las teorías freudianas según las cuales en el mundo interno de una persona no rige el principio aristotélico de la verdad, o sea que sí se puede ser dos personas a la vez por medio del inconsciente, Roiz propone un mundo interno difícil de explicar, y sobre todo difícil de predecir. Además anota en “el gobierno del self” que el grado de compromiso con una causa hacen ese gobierno de sí mismo falsamente estable. Para Roiz no existe un límite exacto entre el mundo interno y el mundo externo, así que el límite entre lo público y lo privado resulta resbaloso bajo su mirada. Para él la relación de poder funciona en el gobierno de sí mismo.

 

Su mirada contrasta con la idea del francés Michel Foucault sobre el gobierno de sí mismo que comienza con la salida de la minoría de edad, y para eso éste otro filósofo se apoyaba en las reflexiones de Kant. Además Foucault enlazó la idea de la minoría con el ejercicio de la actividad crítica. La minoría de edad no fue tomada por el francés como un hecho cronológico, sino es vista desde el principio de obediencia, confundida con la falta de razonamiento. La mayoría de edad se alcanza cuando se puede separar el principio de obediencia, de la facultad de razonar y “valga total y absolutamente sin ninguna condición en el uso privado”. Adicionalmente, la mayoría de edad se alcanza según Foucault cuando el uso de la razón se hace en el ámbito público, sin ninguna relación de obediencia o autoridad.

En estos tiempos de tumultos iracundos en Estados Unidos por el asesinato de un ciudadano de raza negra, que han originado reacciones irracionales en otras partes del mundo, cabe preguntarse por qué está pasando esto y cuales son sus implicaciones sociales. ¿El hombre violento con su yo inconsciente le está ganando al hombre “mayor de edad” que sabe gobernarse a sí mismo? Además nos preguntamos: ¿Están aflorando otra vez los conceptos de discriminación positiva? Eso quiere decir que si un horrible asesinato es cometido contra un miembro de una minoría ¿el asunto automáticamente se convierte en más grave que si se comete contra un integrante de la mayoría? La discriminación positiva parece ser por principio ético, filosófico y religioso tan nefasta como todas las discriminaciones. Todos los seres humanos nacemos iguales. El pecado aparenta ser el mismo, independientemente del sujeto ultrajado. Por supuesto que hay agravantes muy importantes que no deben olvidarse como la posición de debilidad de la víctima.

Vale la pena entonces en este contexto tan revuelto hacer uso de las reflexiones de Roiz y de Foucault para tratar de recorrer estas interrogantes, para ver si nuestro yo consciente se impone o es el turno de la acción pública: ¿Tienen razón los que reaccionan violentamente ante el sadismo injustificable de una actuación policial? ¿O son más razonables los observan pasivos los acontecimientos esperando la justicia? ¿O serán más justos los que toman la acción en sus manos para defender sus negocios y propiedades con armas largas, como ha sucedido en algunos pueblos pequeños en el interior de Estados Unidos? En la respuesta entra la idea de la “Sociedad vigilante”.

Ese ciudadano perceptivo, que forma la sociedad vigilante y que puede pasar como en efecto pasa de la letargia a la vigilia, pero de una manera consciente, debe estar informado de alguna manera. Es aquí donde encaja el rol de los medios de comunicación y las redes. Sin información, ¿cómo puede salir ese ciudadano perceptivo de su letargia? Pareciera que existe una especie de “gatillo mental” que al accionarlo inicia una reacción en cadena y saca al individuo de su letargia y lo pone en actitud de vigilia. Ese “gatillo mental” es algo que lo emociona fuertemente. Ese algo viene del mundo exterior, a través de algún medio de comunicación: Los videos fuertes en las redes con el con el abuso de los policías, un motín en una cola interminable, o el asalto a una persona indefensa. Alguien va a llevar información a ese ciudadano perceptivo, que reaccionará en consecuencia. Se ve claramente que allí hay un problema de responsabilidad en los ciudadanos y en los medios, que pueden ser los “gatillos” que afloran el “yo inconsciente” de Roiz y la “minoría de edad” de Foucault abandonando el gobierno de nosotros mismos para convertirnos en una especie de bestias irracionales.

El problema se agrava cuando le añadimos el color político a esas agitaciones sociales. “Partidizar” todos los debates que en principio no tienen ese tinte se ha convertido en un simplismo de este mundo polarizado. Las grandes cadenas de noticias “anti-Trump” no desperdician esta oportunidad de oro en año electoral, para responsabilizar al presidente del abuso policial de unos funcionarios que actuaron como sádicos. La reacción tampoco se hace esperar y aparecen manifestaciones conservadoras que hablan en las redes de teorías de conspiración y cosas parecidas. El asunto de fondo es que banalizando así el debate, olvidamos reflexionar sobre el origen de las explosiones sociales que deben estar más hacia el “yo inconsciente”, la “sociedad vigilante” o la “minoría de edad”, que hacia las simpatías con un partido de izquierda o de derecha.

Los “chispazos” sociales en cualquier lugar del mundo y a través de la historia han sido prácticamente tan impredecibles como los terremotos o los volcanes. Pueden suceder en el territorio menos pensado y en el momento más inesperado. Motivos y “gatillos” siempre habrá para rebelarse ante los abusos del poder. El punto neural más que cómo combatirlos, que ese es otro debate, es cómo reacciona nuestro “yo” cuando esos eventos nos suceden muy cerca. 

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