lunes, 21 de octubre del 2019

Extremismos anacrónicos

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Hace treinta y seis años, en 1983, el filósofo francés Jean-François Revel se preguntaba, ¿cómo terminan las democracias? Temía por su debilidad para defenderse, empezando por defender los valores que representan, ante la amenaza totalitaria del comunismo que entonces parecía irresistible. Su amigo y compatriota nuestro Carlos Rangel, pensador original y desafiante de lugares comunes a quien cita Revel en El Conocimiento Inútil, rumiaba la convicción de que el socialismo había triunfado irremediablemente. En enero de 1989, diez meses antes de la caída del Muro de Berlín, se quitaría la vida ¡Ay si hubiera esperado un poco mi estimado y respetadísimo escritor liberal!

El mismo año del libro de Revel, el presidente Herrera me tentaba con asumir una embajada en uno de los países socialistas del centro europeo, “para un político joven como tú –eso era entonces- sería mejor que un postgrado…porque ahí no ha pasado todo lo que va a pasar”. No fui, pero así fue unos años más tarde, no muchos. Se desmoronó la Urss y en vertiginosos acontecimientos, se deshizo oxidada la cortina de hierro y, cada una a su manera, se disolvieron las antiguas “democracias populares” del centro y este europeo.

“La Unión Soviética no se desintegró sola: arrastró al sistema de economía cerrada y planificación compulsiva, evidenció las carencias y errores del socialismo utópico con el fracaso del socialismo real…” dejó asentado Bedoya Reyes al incorporarse a la Academia Peruana de Derecho en 2008.

Hoy las dictaduras de partidos comunistas sobreviven en China Popular y en Vietnam, al precio de transformaciones económicas impresionantes, mucho menos marxistas que cercanas al capitalismo. Ni en sueños (ajenos) lo habría aceptado Mao o imaginado Ho Chi Minh. De resto, más apegadas a la ortodoxia, quedan en países atrasados como Cuba y Corea del Norte.

No faltan, sin embargo, quienes no se han enterado de estos espectaculares cambios históricos. En la grupa del populismo reaparecen funestos experimentos de marxismo trasnochado como el criollo preservado en el poder por fuerza y maña, a pesar de la ruina de proporciones antológicas causada.

Los gatillos alegres de la propaganda marxista disparan la acusación “fascista” contra la derecha política, sea ésta autoritaria o no y contra cualquiera que se les atreva. La intolerancia, negación de la pluralidad, sigue viva y no es monopolio de uno u otro extremismo. Con diverso rostro, sigue rondando.

Por: Ramón Guillermo Aveledo


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