domingo, 08 de diciembre del 2019

Guerras delivery

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El antichavismo es un grupo diverso que coincide en muchos más aspectos de lo que ellos piensan. El más relevante de esos aspectos es, quizás, el de la vocación consumista.

El opositor común no piensa en política (ni mucho menos en ideologías o activismo partidista) sino en dinero. Todo lo que tiene que ver con su vida lo cuantifica en plata. En dólares, específicamente. Por eso necesita salir de la Revolución Bolivariana, porque entiende que el socialismo es la negación del capital y asume que el capitalismo es el paraíso del dinero.

Ese afán de comprar solo lo que les provoque es lo que los lleva a desechar de la noche a la mañana a los mismos líderes que días antes adoraban, y que por alguna razón no lograron satisfacer su sed de fortuna en el lapso que su expectativa les dictaba. Como si el liderazgo fuese algo que se adquiere en un centro comercial.

De ahí su terca resolución de invocar una invasión armada que lleve a cabo el trabajo que el liderazgo opositor no ha podido hacer en el país. Les importa un comino la soberanía o la independencia, porque con eso no se obtienen las fabulosas mansiones ni los yates o aviones que de manera tan ilusoria ofrece el capitalismo.

Lo que no se entiende es cómo creen que van a salir airosos en una invasión como la que piden, si el promedio de los opositores no sabe ni subir cerros, ni cargar una lata de agua, o pasar tres días durmiendo en el monte. Mucho menos disparar ni siquiera una escopeta de balines o detonar debidamente un paquete mediano de fuegos artificiales.

A la hora de una invasión, todos los que están dentro del país invadido son objetivos de guerra. Pero los opositores se imaginan en una suerte de absurda “isla de la fantasía”, donde el horror les pasará por un lado, asustándolos pero sin hacerles daño, simplemente porque ellos se consideran “los buenos de la película”.

Jamás han estado ni cerca de una auténtica confrontación armada. Y cuando así ha sido (por ejemplo, cuando les dicen que en tal o cual sitio están atracando mucho) corren despavoridos como alma que lleva el diablo.
Acostumbrados a que todo lo compran, creen que las guerras son como las entregas a domicilio, que las ordenas y ellas llegan a ti sin percances porque, si no, las devuelves y te regresan tu dinero.

Por: Alberto Aranguibel

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