martes, 11 de agosto del 2020

La ausencia de discurso

12:10 pm
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Byung-Chul Han, el surcoreano en la cumbre de la filosofía alemana, sostiene que en realidad el hombre que se cree libre está encadenado como Prometeo, se explota a sí mismo y permanece encadenado: la llamada libertad actual no es más que la reproducción del cansancio. “En realidad, lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el imperativo del rendimiento, como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardomoderna”, asegura.

 

En realidad las palabras aburrimiento y cansancio surgen por doquier a la hora de mirar al hombre, especialmente a los jóvenes. Quizás sea necesario recordar que quien se aburre se sabe vacío. Hay contradicciones, inclusive, en su comportamiento político, pues no parece afectarlos el acontecer, pero si la causa asoma sale a destruir sin miramiento, asumiendo la estructura del exterior como causante de su malestar.

Lo que aburre es también una sobresaturación, sobre todo tecnológica. Esto es, tienen exceso de abundancia. Como bien se ha dicho es la saciedad la que crea la inapetencia. Las contradicciones en el comportamiento político de los jóvenes muchas veces son explicados por lo que se ha dado en denominar “la rabia en el agotamiento”, una que no lleva al intentado sobre sí mismo sino contra el exterior donde está colocado preferencialmente el sistema político al cual atribuyen la causa de sus propios aburrimiento y cansancio.

En el 2010 me ocupaba de los hikikomori, padecimiento de los jóvenes japoneses encerrados en sus casas o dormitorios por largos períodos. Me parecía una circunstancia no derivada exactamente de su propia cultura, tal vez una situación extensible.

Los hikikomori rechazan la competencia, a veces se ponen violentos, asumen la abulia y el hastío. Este fenómeno salió de los marcos de su primera manifestación para extenderse con variantes. Hay ahora una mescla de pasividad-agresividad contra una sociedad que consideran injusta, paradójica y absurda. Los sucesos son vistos como “hechos sin sentido”.

Los límites entre realidad real y realidad virtual han llegado a disolverse. Los jóvenes se enfrentan a producir una sintaxis que les es más que esquiva. El discurso pasa a ser la ausencia de discurso. La referencia a lo real un efecto de realidad. 

Por Teódulo López Meléndez

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