martes, 11 de agosto del 2020

La educación online fue “lo peor que nos pudo pasar”

12:53 pm
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“El coronavirus me arrebató un sueño de cinco años: mi graduación”, afirma cabizbaja Sofía Liendo, estudiante de contaduría de la Universidad de Oriente – Maturín, cuyo acto de grado estaba previsto para marzo de este año.

 

Como Sofía, muchos jóvenes venezolanos se convertirán en profesionales por la puerta pequeña, la de Secretaría, más de 70 mil a partir del próximo 27 de julio, según informó el gobierno de Nicolás Maduro.

Sin embargo, “ellos tuvieron suerte”, afirma Abel Subero porque “al menos se graduaron y no tuvieron que ver clases online”.

Durante este año escolar, muchas universidades de Venezuela han tenido que enfrentarse al reto de la educación digital sin estar preparados para ello, preparando a ingenieros que subieran de semestre sin saber resolver una ecuación y dando clases de geología sin mostrar rocas.

Si bien todas las casas de estudio han aceptado el reto, varias de las principales universidades públicas autónomas del país, entre ellas la UDO, decidieron cerrar las aulas por tiempo indefinido al no contar con los recursos técnicos para impartir clases en línea.

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Carmen Goitia, estudiante de Medicina en la UDO- Anzoátegui deja ver su impotencia porque “perdí el semestre y no se sabe cuándo podremos retomarlo”. Por su parte, Karolina León, quien cursa el sexto semestre de Ingeniería en Petróleo en el núcleo Monagas afirma tener que comenzar de cero “porque no me acuerdo de ninguna de mis clases”.

¿Y la educación básica y media?

Si bien el ministerio de Educación, Aristóbulo Isturiz, afirma que este año escolar fue “todo un éxito”, los padres de los alumnos de educación media sostienen verdad, muchos de ellos, como Coromoto González afirman que “esto fue lo peor que pudieron inventar”, puesto que “los niños pasan de año sin aprender nada porque la tarea la hacen los padres”.

“Por ejemplo mi hijo, que salió con ‘B’ cuando siempre ha sido uno de los estudiantes menos aplicados”.

A pesar de ver clases digitales, donde la inversión en los planteles es nula, muchos colegios privados de Maturín han aumentado sus tarifas, muchos de ellos cobrando hasta 37 $ por una educación mediocre.

“Es necesario estar en los zapatos de los padres, muchos no confían en la educación pública, yo entre ellos cuando mis hijas estudiaban pero, en circunstancias como estas, deberían inscribir a los muchachos en un colegio público porque ahí van a aprender lo mismo que en un privado: nada”, afirma Carolina Toro, ex representante de un colegio privado. 

Por Elly Hernández 

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