jueves, 14 de noviembre del 2019

La oscura historia de La Sirenita

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Disney vendió una historia de amor y fantasía donde una sirena de cabello rojo logra conquistar a un príncipe danés con su dulce mirada, sin embargo, el relato que inspiró esta cinta es mucho más oscuro.

La verdadera historia de la princesa Ariel, la “Sirenita” comienza con una protagonista un tanto retraída que, desde el fondo del mar, sueña con el mundo de los humanos: lo considera “fascinante”.

A medida que va creciendo, el deseo de ver los verdes prados y las blancas montañas se intensifica, deja de dormir para pensar en las largas aletas que los humanos llaman “piernas” y alucina con el sonido de los campanarios en los pueblos cercanos. El tiempo pasa y confunde las ballenas con barcos.

Una vez cumple 15 años se le otorga el permiso de subir a contemplar el “encanto del mundo humano” una vez cae la noche, la impresiona el estruendo de una fiesta naviera donde los marineros celebran el cumpleaños de un príncipe a quien Disney nos vendió como “Erick”, su parecido con su único amigo: una estatua de mármol, la enamora en un nivel obsesivo e insano.

Entre fuegos artificiales y música de orquesta el barco naufraga y ella, con un brillo malévolo en los ojos, se emociona al ver como el príncipe se hunde en el mar y va a sus dominios pero en cuestión de segundos recuerda que los humanos no pueden sobrevivir bajo el agua y va en su auxilio, carga con el cuerpo inerte y casi muerto del soberano hasta que, al amanecer, llega a una costa cercana en el reino de Alemania y lo deposita a las puertas de un convento.

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Con los ojos entre abiertos, inmerso en lo que él considera un delirio, ve el rostro de la sirenita quien de inmediato se aproxima a refugiarse en el mar a esperar que alguien venga por su amado, lo hacen tres doncellas, dos de la cuales van ayuda mientras la tercera se queda junto a él.

La Sirenita se sumerge afligida.

No se sabe con exactitud cuánto tiempo pasa pero la joven no vuelve a ver al príncipe en lo que pareciera un periodo muy extenso, en el que, cuando no está espiando a los marineros agoniza a los pies de la estatua de mármol hasta que un día,  impotente le cuenta a una de sus hermanas lo que le sucede y juntas dan con el palacio de su amado, su vida cambia a partir de ese momento; él desconoce que un ser marino lo espía pero siente su mirada en la nuca.

Su sufrimiento cada vez es mayor al no poder acudir a los brazos de su amadoErick” y un día habla con su abuela, “la reina madre” con la esperanza de recibir un consejo, esta le dice que la vida de los humanos no es tan maravillosa como ella la imagina porque estos seres viven mucho menos que las sirenas, lo único que tienen a su favor es que una vez muertos se les otorga un “alma inmortal” y pasan a vivir eternamente al reino de los cielos, lujo del que no gozan las criaturas del mar.

Esas palabras la obsesionan aún más y la Sirenita afirma que “con gusto cambiaria mis 300 años por un día en el mundo humano si así puedo tener yo un alma inmortal”, pero eso es imposible a menos que el príncipe se case con ella y nunca lo haría pues los humanos ven sus aletas como algo repulsivo y antinatural.

Sería mejor olvidarse del mundo humano.  

Pero no, el príncipe y más la oportunidad de vivir eternamente la obsesionan hasta el punto que termina yendo a la cueva de la Bruja del mar, de “Úrsula”, un ser repulsivo que vive entre sapos y serpientes, comiendo de sus bocas y compartiendo su baba.  

La Bruja le ofrece piernas a cambio de su voz, “la voz más hermosa del océano”, pero le advierte que cada paso se sentirá como si caminara sobre afilados cuchillos y no le garantiza el amor del príncipe el cual debería conquistar porque “el amanecer después de que el príncipe se case con otra, tú morirás”.

Consciente de lo que implica, sacrifica su voz y aleta por un par de piernas y sube a vivir en el reino de los humanos.

Para su fortuna termina viviendo en el palacio del Príncipe, quien termina sintiendo hacia ella un gran cariño pero nunca olvida a su verdadero amor, la doncella que le salvó la vida luego del naufragio y que “curiosamente se parece mucho a ella”, sin embargo, “Erick” se resigna a que nunca será suya y que, si ha de casarse, sería con “Ariel” porque no hay un amor más sincero del que ella siente por él.

Un día, sus padres le obligan a casarse con la princesa del país vecino pero este se niega, sin embargo acepta ir a visitarla con la condición de que la Sirenita, su “preciosa muda”, lo acompañe, asegurándole que se casarían una vez estén de vuelta porque por la otra doncella “no puede sentir amor”.

Todo cambia cuando llegan a Alemania y al príncipe se le dilatan las pupilas una vez ve a esa doncella que “nunca podrá amar”, pues es la misma novicia que él piensa le salvó la vida en aquel naufragio, aquella que se parece tanto a la Sirenita.

“Debes estar feliz por mí”, le dice a la Sirenita e inevitablemente se embarcan en la celebración de la boda que días atrás prometió nunca efectuar. Graciosamente “Ariel” termina llevando el velo de la novia y bailando para los recién casados.

Una vez están todos dormidos y el primer rayo de sol (ese que acabaría con su vida) a punto de salir, sus hermanas suben a la superficie calvas y sosteniendo un cuchillo que les dio la Bruja, con este debería matar al príncipe sino quiere morir, sin embargo, al verlo dormido junto a su esposa y balbuceando su nombre entre sueños no es capaz por lo que se lanza al mar en lo que termina siendo un acto suicida pues tenía prohibido volver al mar.

Por Elly Hernández // @Elly.hernandezs

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