jueves, 14 de noviembre del 2019

“Largo Pétalo de Mar”

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Leo de un tirón “Largo Pétalo de Mar”, la más reciente novela de Isabel Allende. Con su maestría acostumbrada relata la historia deVíctor Dalmau, médico republicano español, que en las postrimerías de la guerra civil –saldada con un millón de muertos según el decir popular- huye de Barcelona, atravesando los Pirineos en pleno invierno, para ser internado en un campo de concentración francés del cual logra salir para embarcar en el Winnipeg, un destartalado barco que el entonces cónsul Pablo Neruda fletó para trasladar a Chile a unos dos mil escapados de la naciente dictadura franquista.

Dalmau arriba a Valparaíso el mismo día que estalla en Europa la segunda guerra mundial y allí, en ese “largo pétalo de mar y nieve”, rehace su vida mientras tantos la pierden en la mayor tragedia que haya soportado la humanidad.

Transcurren los años y entre los pocos amigos que cosecha destaca Salvador Allende quien después de varios intentos es electo Presidente. A pesar de las muchas exigencias del cargo, el mandatario chileno mantiene la costumbre de jugar ajedrez con Dalmau quien una noche de agosto le advierte de la inminencia de un golpe militar: “No se preocupe Víctor, mientras los militares permanezcan leales al gobierno nada hay que temer. Confió en el comandante en jefe, es un hombre honorable” contestó el Presidente refiriéndose a Augusto Pinochet. Por cierto, recuerdo haber oído del Presidente Lusinchi que Orlando Letelier, canciller chileno asesinado por esbirros de Pinochet en Washington, le contó recién salido de la cárcel, que en las horas primeras del golpe, mientras los tanques avanzaban sobre La Moneda y los aviones pasaban rasantes sobre el palacio que minutos después bombardearían, Allende repetía con insistencia: “Donde está Augusto, llamen a Augusto”.

Dalmau termina preso, delatado por una vecina a la quien recurrentemente había ayudado. Tras meses internado en las más duras condiciones, sale a un nuevo exilio, esta vez a Venezuela, una Venezuela que reseña como próspera, de gente alegre, referente de democracia y libertad en el continente.

De los campos de batalla en Cataluña al Estadio Nacional en Santiago, marcados por el “hambre, pánico, dolor, presión moral, terror y locura” en palabras de Víctor Jara horas antes de ser fusilado, son centenares de miles las familias que sufren, los torturados, los que mueren, tras banderas que siguen o en más que otros ondean. Presente también en cada drama la intransigencia de las partes enfrentadas; rememorando al Rector Unamuno no se trataba de convencer, ni siquiera de vencer, era aplastar y matar.

Confieso que cada día me angustia más la situación de Venezuela y que muchos, de lado a lado, jueguen a una salida violenta donde obvio nadie saldrá indemne. Basta repasar un poco el pasado reciente para encontrarse con el dolor multiplicado hasta el infinito que otros pueblos han padecido por culpa de la sinrazón. Que no sea ese nuestro caso, es ruego para que nuestros muchachos, parafraseando a Neruda, no maten, ni mueran ynos veamos obligados a cubrir con flores su sangre. //Luis Eduardo Martínez 

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