lunes, 20 de enero del 2020

Laura Liendro: “La inmigración nos ha vuelto más humildes”

11:50 am
78
0

.- Vendedora de insignias, de “salchipapas” tuvo que aguantar que un ecuatoriano escupiera en el suelo para expresar el repudio a su presencia, no obstante dice haber adquirido una gran experiencia, se siente “más útil, más capacitada”

Una periodista cuenta lo importante que ha sido la crisis para los venezolanos “la inmigración nos ha vuelto más humildes y sobre todo hemos ampliado nuestra actitud y somos capaces de emprender cualquier tipo de actividad, de hacer cosas que antes nos parecía imposible de ejecutár y enfrentarnos no solamente con normalidad a estos cambios y hasta a las adversidades con entusiasmo”, tal planteamiento lo realiza Laura Liendro, periodista, radicada en Bogotá de visita en estos momentos en nuestro país.

¿Qué tiene que afrontar un inmigrante venezolano?. No hay nada que no sepamos, las redes nos han inundado con fotografías de hombres, mujeres y niños recorriendo las carreteras en Colombia, Ecuador o Perú países donde la emigración venezolano ha provocado una serie de situaciones hasta el punto de que se ha convertido en un problema global de grandes dimensiones para toda la región. Solamente en Colombia se calcula que viven 1.600.000 mil venezolanos. Las cifras de Unicef, de la OEA se quedan cortas, todos suponemos que más allá de lo que se dice que casi 5 millones se han ido a lo mejor hay más venezolanos fuera, todos tenemos uno o más familiares o amigos que han emprendido viaje.

Lea también: Una venezolana es la mente detrás de Google Assistant

Laura egresó de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Santa María, Núcleo Anzoátegui en el 2013, se desempeñó en el medio audiovisual, fue Corresponsal de Globovisión aquí en Monagas, narradora de noticias en Tvo en su ciudad natal en Puerto La Cruz decidió en el año 2016 emprender viaje, decisión que han tomado muchos compatriotas y partió con una maleta llena de sueños y con 100 dólares en el bolsillo. ¿Las razones?, son variadas, Laura forma parte de esa migración positiva, de ese grupo de jóvenes profesionales que están reforzando los países donde van y sobre todo adquiriendo unas actitudes que lo llevan a emprender cualquier actividad porque la necesidad apremia: Médicos, abogados, ingenieros, periodistas, todos ellos iniciando ese proceso de cambio y de experiencia. Laura se fue en su autobús, en ese tortuoso recorrido que la hizo atravesar el Páramo de Tunja, sentir el frio calarse en su cuerpo y llegar finalmente al Terminal de Salitre en Bogotá con la imperiosa necesidad de trabajar de inmediato. Los 100 dólares solo le alcanzarían para el desayuno de ese día.

-¿Cómo avanzar con esas perspectivas?

-Todo fue fortuito, conseguí una periodista colombiana vinculada a una empresa que se encargaba en la venta de insignias y que además tenían un proyecto relacionado con el desmontaje de minas, algo cotidiano en un país como Colombia, y con la realidad política que ya conocemos. De tal manera que me transforme en vendedora, me ayudo mi conocimiento del inglés, participaba directamente en las licitaciones que esa empresa manejaba. Llegó un momento en que se me planteó la necesidad de ir a Ecuador porque la empresa requería ramificarse hacia ese país y me fui pero allí las cosas no fueron nada fáciles el elemento fortuito se acabó y sin duda Ecuador con ese componente indígena tan fuerte adosado a toda esa historia y al hecho de que la emigración venezolana se estaba complicando porque cada vez más llegaban venezolanos comencé a sentir la dureza de la xenofobia cruda  que resulta tan incompresible para nosotros los venezolanos que somos una mezcla de tantas nacionalidades, que hemos recibido con las puertas en grande a tanta gente de tantos lugares.

La narración de Laura sigue develándonos lo que viven tantos venezolanos en otras tierras: “Llegó un momento en que me encontré con tan solo 50 dólares en el bolsillo tuve que vender por las calles “salchichapapas” una bala fría muy tradicional no solo de Ecuador sino también en Colombia. Así estuve cierto tiempo hasta que finalmente halle un trabajo en una farmacia, el dueño requería de venezolanos que pudieran atender a tantos criollos que acudían a comprar medicinas y que no eran entendidos por ecuatorianos sus urgencias. Allí en una oportunidad me encaró un cliente de nacionalidad ecuatoriana quién con desprecio me dijo que yo no sabía de medicinas pero no conforme con ello escupió en el piso para denotar su desprecio hacia mi persona. Tenía trabajo, dinero pero no podía salir de la farmacia a mi casa una jaula obligada por los grados de xenofobia. Por eso abandoné Ecuador y regrese a Colombia.

“¿Qué si la emigración fue buena para mí?. No me arrepiento, ha sido una gran experiencia. ¿Qué si regresare?. Estoy contenta por estar de visita, pero no seguiré en Colombia” 

Por Ernestina Herrera 

Únete a nuestras redes: 

Whatsapp https://chat.whatsapp.com/C921iXjBrpBLm4x7Xw4u47

Facebook https://facebook.com/elperiodicodemonagas/

Instagram https://instagram.com/elperiodicodemonagas/

Twitter https://twitter.com/elPeriodicoDM

Telegram https://t.me/Elperiodicodemonagas

Síguenos en las redes sociales

Se el primero en comentar

75 + = 79

WhatsApp chat