domingo, 08 de diciembre del 2019

Los Miserables se esfuerzan por ofrecer un buen espectáculo

11:02 am
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Una joven pasa con una bolsa de comida del CLAP mientras un grupo de personas practica yoga en colchonetas. Un hombre carga en pleno lobby una bombona de gas, que lleva a uno de los cafés que funcionan en el complejo.

El estacionamiento está oscuro, apenas se puede ver para encontrar puesto. Como oscura estará el área de balcón.

Los pasillos se encuentran iluminados por la luz del sol que cae con el atardecer, pero cuando llegan las 6:00 pm hay que mirar bien para no tropezarse con algún escalón. La iluminación de las escaleras que conducen a la sala Ríos Reyna y una tarima de Movistar, acompañadas por débiles lámparas, ayudan a que la oscuridad no sea total.

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Es el Teatro Teresa Carreño, donde se presenta el musical Los Miserables, por primera vez en Venezuela, luego de haber recorrido más de 40 países desde la década de los ochenta.

En la sala hace calor. Hace más de un año que el aire acondicionado está dañado. Claudia Salazar, la productora del espectáculo, consiguió equipos para garantizar comodidad en la sala. Sin embargo, la gente se abanica con el programa de mano.

Poco antes de comenzar el espectáculo, en su día de preestreno, Salazar advierte: “Hemos tenido cualquier cantidad de dificultades técnicas. Como es regular en un ensayo general, si es necesario detenerlo lo haremos”.

Y comienza el espectáculo. De Los Miserables en Venezuela se ha aplaudido el esfuerzo y el talento que ha hecho posible que la producción finalmente se estrene. Se ha dicho, también, que está a nivel de Broadway, que no tiene nada que envidiarle a las presentaciones internacionales; que es una manera de demostrar que en el país, a pesar de las condiciones, aún se pueden producir espectáculos de altura.

Pero el miércoles las fallas técnicas, básicamente de sonido, no permitieron disfrutar, como se debe, del musical. Los problemas se notaron, y mucho. Pero la función no paró.

El personaje más afectado por los desperfectos fue, justamente, Jean Valjean, interpretado por un enérgico Beto Baralt. En su primer protagónico, el joven actor logra caracterizar al Valjean adulto y viejo.

Pero la voz, a pesar de su esfuerzo, no se escuchó con naturalidad en la mayoría de las escenas debido a un problema con su micrófono. Momentos importantes de la obra, como cuando Valjean cuenta por qué cayó preso, no quedaron claros porque su voz se perdía a ratos.

Hubo escenas, como la de los rebeldes planificando la batalla, en las que el sonido falló y no se escucharon los versos por segundos. Pasó en la presentación del pueblo, el baile de Cosette y Marius, y en la batalla.

Salazar lo ha dicho antes: montar el musical ha representado un esfuerzo titánico. “Lo más importante es que como país y artistas somos inquebrantables. Y nuestra misión es poner nuestra mejor cara al frente y dar las mejores noticias al mundo sobre nuestro país”, dijo en la rueda de prensa a principios de mes.

Ese mismo día el argentino Mariano Detry, director de Los Miserables, aplaudió la calidad de los músicos y actores venezolanos: “No puedo estar más contento y feliz por trabajar con un grupo de actores que van a marcar un momento importante en este país”.

Destacó la interpretación de la Orquesta Los Miserables Venezuela, integrada por músicos del Sistema y de la Gran Mariscal de Ayacucho, dirigida por Elisa Vegas.

Es la primera vez que en el musical participan 32 músicos en escena. Lo usual son 16.

También resaltaron las actuaciones en coro, particularmente las escenas de “Canta al pueblo su canción”, “Un día más” y el “Vals de la traición”. En ellas la escenografía, la iluminación y la música lograron ejecuciones conmovedoras, chistosas en el caso de Madame (Mariana Gómez) y Monsieur Thénardier (Alejandro Míguez).

De las actuaciones individuales destacó la energía del barítono Gaspar Colón (Javert), en especial en “El suicidio de Javert”, escena tenebrosa y enternecedora a la vez. También destacaron Gabby Brett (Eponine), Christopher Granado (Gavroche), Saori Fuentes (Cosette pequeña) y los ya mencionados Gómez y Míguez, que encarnan a los Thénardier.

Casi tres horas después termina la función. Al salir del área de balcón los asistentes encienden la linterna de sus teléfonos celulares para evitar una caída en medio de la oscuridad. Ocurrirá lo mismo en el área de estacionamiento. //El Nacional 

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