viernes, 13 de diciembre del 2019

Médicos venezolanos se enfrentan al Mal de Chagas

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Un equipo de investigadores científicos venezolanos desarrolló la posible cura para el mal de Chagas. La enfermedad tropical afecta a ocho millones de personas en el continente americano y 25 millones están en riesgo de adquirir la infección.

Gracias a una innovadora asociación estratégica entre el Grupo de Clínicas IDB, a través de su Instituto de Investigaciones Biomédicas, y la Incubadora Venezolana de la Ciencia, en Cabudare, estado Lara, se logró este hito para la medicina en Venezuela.

La enfermedad de Chagas, también llamada tripanosomiasis americana, es un mal potencialmente mortal causado por el parásito protozoo Trypanosoma cruzi.

La más desatendida de nuestro tiempo

El doctor Alberto Paniz Mondolfi, que recibió el Premio Fundación Empresas Polar Lorenzo Mendoza Fleury en su edición 2019, explicó que después de un largo camino junto a su equipo multidisciplinario, cuenta con un tratamiento efectivo para combatir el mal de Chagas.

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Los pacientes que padecen la enfermedad permanecieron por años en el olvido. Se convirtieron en víctimas de una de las más grandes enfermedades desatendidas de nuestro tiempo.

Paniz Mondolfi es médico cirujano egresado de la UCV con maestría de la Universidad de Valencia, España. Cuenta con varios doctorados y desde el año 2014 dirige la Incubadora Venezolana de la Ciencia. Desde 2018 es el director académico del Instituto de Investigaciones Biomédicas del Grupo de Clínicas IDB en Barquisimeto.

Hablar de una cura definitiva con cualquier agente infeccioso, sin embargo, es temerario. Se debe considerar que el Trypanosoma lleva millones de años de evolución.

«En su simpleza radica su complejidad. Al igual que sucede con las bacterias, es de esperarse que estos parásitos desarrollen mecanismos de resistencia con el pasar del tiempo. Por eso la importancia de no bajar la guardia», explicó Paniz Mondolfi.

Una aproximación racional para el tratamiento de esta infección obliga al uso combinado de drogas, que no solo actúen a nivel del parásito sino modulando la respuesta y reparando el daño causado al paciente: «Ahí radica la bondad de nuestra propuesta y, en gran parte, su probada efectividad».

La investigación

—¿Cuál fue la motivación para realizar una investigación para encontrar la cura del mal de Chagas?

—Las motivaciones fueron múltiples, pero a la vez incidentales. El parásito causante del mal de Chagas fue con el cual inicié en el mundo de la bioquímica como estudiante de Medicina. En los primeros años trabajé en el laboratorio del doctor Ávila Bello y ahí estudiábamos los organelos subcelulares de este parásito. Años más tarde decidí estudiar otro parásito y junto al doctor Jacinto Convit comencé a trabajar con un primo del parásito de Chagas, el causante de la leishmaniasis.

—¿En qué momento comenzaron a tratar a pacientes con esta afección?

—Un día refirieron a un paciente con una forma severa de leishmaniasis. También sufría de enfermedad de Chagas. El paciente padecía una arritimia severa que impedía tratarlo para la leishmaniasis debido a que la droga, Glucantime, es toxica. Lo primero que hice fue controlar su arritmia con una droga llamada Amiodarona. A pesar de no recibir tratamiento específico, el paciente empezó a sanar de sus lesiones de leishmaniasis. Así di con los trabajos pioneros de dos médicos venezolanos: Julio Urbina y Gustavo Benaim.

Décadas de esfuerzo

—¿Cómo se desarrolló el proceso de investigación?

—Fueron décadas de esfuerzo. Los trabajos de Benaim con el antiarrítmico Amiodarona y los de Urbina con los azoles fueron estudios seminales que iniciaron este camino. Luego vino el de reposicionar y combinar las drogas para lograr un efecto antiparasitario efectivo. Me tomó casi una década adicional estudiar los primeros casos humanos hasta que finalmente pudimos documentar su efectividad. Gracias a un método de seguimiento de laboratorio desarrollado por el doctor Juan Luis Concepción y su equipo en la ULA, pudimos dar con la herramienta para documentar la eliminación del parásito.

—¿Cómo fue que el gobierno de Estados Unidos los contactó?

—Fue un largo periodo de escepticismo hasta que el Departamento de Defensa de Estados Unidos, cuyos perros militares sufren ocasionalmente de enfermedad de Chagas, nos convocó para desarrollar el primer estudio piloto a gran escala con esta combinación. Una reseña publicada en la revista Microbe de la Sociedad Americana de Microbiología fue clave en cambiar el curso de la historia al hacer visible esta nueva alternativa terapéutica.

—¿Cuántos perros fueron tratados por su equipo?

—Un total de 105 perros bajo un riguroso monitoreo. Después de un año se logró documentar la cura radical de estos animales, abriendo así las puertas a su uso en humanos. Actualmente se cuenta con la preaprobación por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, FDA, para su estudio en humanos.

Condiciones para investigar

—¿Están dadas las condiciones en Venezuela para realizar esta investigación?

—La respuesta es un rotundo sí. Ante todo están los pacientes que son la razón y norte de nuestro trabajo. Más aun en estos tiempos de crisis donde existe un enorme subregistro de las enfermedades endémicas y nuestro sistema de salud pública fue desmantelado.

—¿Cuenta con capacidad humana para este proyecto?

—Mi grupo de la Incubadora Venezolana de la Ciencia junto a un valioso equipo de médicos asesores están permanentemente en el campo censando pacientes y montando campañas de concienciación y educación de esta enfermedad. Igualmente contamos con cardiólogos de primera línea que monitorean y cuidan rigurosamente de nuestros pacientes.

—¿La escasez de medicinas ha afectado el desarrollo de la investigación?

—Nos la hemos arreglado para conseguir donaciones y apoyo de diversas organizaciones filantrópicas, académicas y privadas para dar continuidad a este proyecto. Confieso que los medicamentos son la parte más difícil. No voy a mentir. El ambiente de trabajo en nuestro país es asfixiante. Sin embargo, la necesidad nos llevó a explorar un sinfín de alternativas y oportunidades que antes no se nos hubieran revelado.

La ciudadanía

—¿Cuál es el rol de los ciudadanos en este proceso?

—El ciudadano de a pie, sin necesidad de contar con estudios avanzados, puede participar del proceso de investigación en el campo. Es lo que se llama democratización de la ciencia. Y es que uno se sorprende de cuanto puede avanzar una investigación cuando se trabaja de la mano de quienes están al frente del problema. A través de nuestros proyectos de ciencia ciudadana avanzamos en el entendimiento de la ecología y comportamiento del insecto vector de la enfermedad de Chagas, el chipo y de los diversos aspectos ambientales que inciden en la historia natural de la enfermedad.

—¿Hay estadísticas de mal de Chagas en el país?

—Se desconocen estadísticas exactas de la enfermedad. El secretismo por parte del Estado y la naturaleza insidiosa y crónica de la enfermedad en sí, militaron en conjunto a favor de un severo subregistro de casos. Estudios llevados a cabo en la década de los 60-70 sugerían una prevalencia de aproximadamente 40% y, aun cuando hubo una disminución de la seroprevalencia en menores de 10 años de edad durante la década de los 90, el desmantelamiento del Programa Nacional de Chagas hacia el final de esa década indica que probablemente los pocos esfuerzos hechos para controlar su transmisión se hayan perdido. Estudios preliminares orientados a evaluar la prevalencia y hábitos del insecto vector el chipo indican indirectamente que es muy posible que estemos confrontando un silencioso repunte de la enfermedad.

La vulnerabilidad

—¿Cuáles son las zonas más vulnerables en Venezuela?

—Los estados andinos y centro occidente de Venezuela son áreas endémicas por excelencia de Chagas. Portuguesa, Barinas, Trujillo y Lara contienen focos de hiperendemicidad. Igualmente hay áreas endémicas a lo largo de la Cordillera de la Costa, Carabobo, Aragua y Miranda. Y en el oriente del país Anzoategui y Sucre. La región de los llanos centrales y el sur del Orinoco, Bolívar y Amazonas tienen presencia de la enfermedad, pero con un subregistro histórico.

—¿Qué tan vulnerable es Caracas?

—Caracas es un escenario particular debido a que el parásito puede encontrarse en otra especie distinta de chipo, el Panstrongylus geniculatus, que si bien no exhibe tendencias antropofilicas como el vector tradicional, Rhodnius, sí ha sido el responsable de los brotes de Chagas orales estudiados en Caracas y Vargas, viéndose incriminado cada vez más en brotes periurbanos de la enfermedad.

Médicos suficientes

—¿Existen suficientes médicos en el país para emprender una campaña?

—El éxodo sin precedentes que ocasionó la crisis humanitaria se sintió en el gremio biomédico y de las ciencias, es una realidad innegable. Sin embargo, yo no puedo sino ver esto desde un aspecto positivo. Primero, esta situación obligó a nuestros estudiantes a madurar antes de tiempo y dar un paso al frente por el país. Cuando la gente me pregunta por qué soy tan optimista y si tengo una bola de cristal para ver el futuro, yo respondo que sí. Mi grupo de la Incubadora Venezolana de la Ciencia y los estudiantes de nuestras diversas universidades constituyen mi esfera mágica. A través de ellos a diario puedo ver como el futuro de nuestro país permanece intacto: talento, perseverancia, trabajo y juventud.

—¿Pueden participar los venezolanos en el exterior?

—Si bien gran parte del personal médico y científico del país emigró en busca de recursos y mejores condiciones, son precisamente estos venezolanos los que constituyen una de las reservas más importante del país. Estando afuera nos ayudan a armar conexiones, colaboraciones y a mantenernos al día con los avances. La comunidad de afuera no es pasiva, y eso lo vemos en la ciencia. Y es algo que hay que reconocerles. Nuestros investigadores y médicos en el exterior son fuente permanente de soporte e inspiración. Y que nadie tenga duda, que pronto al esto acabarse, la mayoría volverán, cargados con los últimos conocimientos y serán pieza clave en cerrar esta brecha de atraso impuesta por la barbarie socialista.

Venezuela, inmensamente vulnerable

—¿Está el país en capacidad de contrarrestar las enfermedades infecto-contagiosas?

—No en este momento. Venezuela es un país inmensamente vulnerable. La crisis económica y política colapsaron el sistema de salud. El abandono del programa nacional de vacunación provocó un resurgimiento de las enfermedades prevenibles por vacunas. Lo vimos recientemente con los brotes epidémicos de sarampión y difteria en todo el territorio nacional. El reciente reporte de un caso de fiebre amarilla y la amenaza latente de su reaparición son un nuevo llamado de atención.

—¿Se puede recuperar el sistema de salud pública ?

—Sin un esfuerzo consensuado, una inversión gigantesca en recursos y ayuda externa en materia de salud pública el panorama es invariablemente sombrío. El sistema ya no puede reconstruirse, debe crearse de nuevo. Esto con miras a procurar excelencia en el bienestar de nuestra nación y siempre bajo el inalienable principio de neutralidad política que debe regir a los sistemas de salud.

Personal comprometido

—¿Están dadas las condiciones para que organismos públicos y privados se sumen?

—Sí. Nuestra infraestructura sanitaria ha sido desmantelada premeditadamente. El hambre y la enfermedad fueron usadas perversamente como instrumentos de control social. Sin embargo, nuestros hospitales públicos, ambulatorios y servicios regionales aun albergan un personal comprometido con el país. Profesionales movidos por la pasión y vocación y con un profundo sentido de esperanza. La esencia institucional y vocacional del médico, del sanitarista y del investigador está erosionada, sí, pero nunca muerta.

—¿Cuál es el rol del sector privado?

—Es posible que la infraestructura pública en su debilidad no pueda aportar mucho. Pero el sector privado es clave en nuestro caso de conducir estos esfuerzos. Gran parte de nuestro trabajo lo realizamos en conjunto con el Grupo de Clínicas IDB, la red asistencial privada más grande del centro-occidente del país y la cual nos permitió tener presencia en los estados endémicos de Chagas como Trujillo, Lara, Portuguesa y Yaracuy. Nuestras salidas de campo son organizadas con voluntariados de comerciantes privados locales. Hemos trabajado de la mano junto a empresas de tradición como Farmatodo. Y es en este conglomerado con el sector privado donde hemos podido traducir uno de nuestros lemas el de hacer ciencia con conciencia social. Todo médico es bienvenido a sumarse a este proyecto.

El mal de Chagas

—¿Que animal contrae el mal de Chagas?

—El parásito causante de la enfermedad de Chagas, Trypanosoma cruzi, es muy prolífico que puede infectar a una gran variedad de animales tanto en el ambiente selvático, periurbano como domiciliario. Precisamente esta característica es lo que hace tan difícil su control. Entre los animales hospedadores más comunes están el rabipelado, los cachicamos, roedores, mapurites, murciélagos e incluso animales domésticos como el perro.

—¿Cómo se puede evitar?

—Lamentablemente no existe una vacuna o medicamento preventivo. La prevención de la enfermedad se basa en evitar la exposición al insecto vector, el chipo. Esto se logra mejorando las condiciones de vivienda, evitando la construcción con bahareque y palma que sirven de refugio al chipo. Limpiando la maleza alrededor de la vivienda, revisando periódicamente gallineros, así como el uso de insecticidas, repelentes y el uso del mosquitero

—¿Se puede contraer también por el consumo de alimentos?

—Recientemente se dieron varios brotes de transmisión oral de Chagas por el empleo de frutas sin lavar para hacer jugos y batidos. Habitualmente los chipos defecan en las frutas y son precisamente las heces las cuales contienen al parásito. Por eso es recomendable siempre lavar las frutas antes de la preparación de jugos naturales. Hay que tener en cuenta que el Chagas por transmisión oral suele exhibir un comportamiento clínico más agudo y agresivo que debe ser abordado a tiempo.

Los chipos

—¿Todos los chipos están infectados?

—No todos los chipos se encuentran infectados, pero si la mayoría de ellos, particularmente en las áreas endémicas. Un ejemplo: en 2005 un estudio determinó que 76% de los chipos recuperados en el Distrito Capital, Caracas, Vargas y Miranda, portaban al parásito y que 60% de estos contenían trazas de sangre humana en su intestino, es decir ya habían tenido contacto con humanos.

—¿Cuáles otras vías de transmisión existen?

—La enfermedad de Chagas también tiene otras vías importantes de transmisión: por vía oral; el Chagas congénito, de madre al feto durante el embarazo; sexual; por transplantes y por vía transfusional.

—¿El perro u otro animal positivo puede transmitir la enfermedad o ser reservorio?

—Por lo general, tanto los animales selváticos, sinantrópicos, adaptados al ambiente urbano, como los domésticos pueden todos servir de reservorio al parásito. Sin embargo, la transmisión directa es poco común y por lo general siempre involucra al insecto vector, el chipo, que deposita el parásito posterior a alimentarse del humano el cual es inoculado por arrastre como consecuencia del rascado o frotamiento del área de inoculación.

—¿Por qué no se puede matar al insecto?

—El parásito puede permanecer viable en el ambiente. Por eso recomendamos no aplastar los chipos a fin de minimizar el contacto con los parásitos en las heces. Se recomienda capturarlos en un contenedor y envase para enviarlos para su estudio e identificación en instituciones competentes.

El diagnóstico

—¿Cómo se llega al diagnóstico de mal de Chagas?

—El diagnóstico es laborioso. Durante la fase aguda se pueden evidenciar los parásitos en sangre, mas no en la fase crónica de la enfermedad. Las pruebas serológicas por lo general son inespecíficas y pueden dar falsos positivos, particularmente en áreas endémicas de otras enfermedades parasitarias como la leishmaniosis. Es por esto que nosotros procuramos la medición de anticuerpos muy específicos que no solo confirman la presencia del parásito sino también permite cuantificarlo y monitorear respuesta al tratamiento. Esta tecnología fue desarrollada por el doctor Juan Luis Concepción en el laboratorio de Enzimología de Parásitos de la Universidad de Los Andes.

—¿Cómo es el diagnostico?

—Para el diagnóstico directo del parásito usamos pruebas moleculares como la reacción en cadena de la polimerasa, PCR. Igualmente incluimos recientemente la citometría de flujo en nuestro algoritmo diagnóstico. También es importante saber qué cepa de parásito es la infectante debido a que eso tiene un impacto en el tratamiento y comportamiento de la enfermedad. El parasito Trypanosoma cruzi se clasifica en seis unidades taxonómicas discretas, DTUs, siendo la Tc1 la más prevalente en nuestro país y, además, la más agresiva y resistente al tratamiento convencional. Clasificar estas unidades es un trabajo arduo para lo cual nos apoyamos con colaboradores del Instituto de Medicina Tropical y de la Universidad de Glasgow en Escocia.

—¿Qué protocolo tienen como medicina preventiva y cuáles son los pasos?

—No existe un tratamiento preventivo para esta infección, y dada la complejidad estructural de estos parásitos y sus mecanismos de evasión no ha sido posible desarrollar una vacuna exitosa hasta la fecha.

Cura definitiva

—¿Cuál es el protocolo farmacológico para la cura definitiva?

—El protocolo de tratamiento propuesto por nuestras investigaciones consiste en el reposicionamiento de drogas ampliamente utilizadas con otros fines, los derivados del grupo de los benzofuranos y los derivados de los azoles. Una de las drogas, la Amiodarona además es un antiarrítmico, y no cualquiera sino el más efectivo en controlar las complicadas arritmias que se dan en la enfermedad de Chagas. Su efecto antiarrítmico sumado al antiparasitario procura una aproximación de matar dos pájaros de un tiro en la terapéutica de esta enfermedad. El derivado azolado Itraconazol, usado para tratar infecciones por hongos es un potente inhibidor de la síntesis de la membrana del parásito. Así usados en conjunto ambas drogas, logran un efecto sinérgico en erradicar al parásito.

—¿Tiene efectos secundarios?

—Sí, pero son mínimos y se desprenden del uso prolongado de estas drogas. Con un adecuado monitoreo clínico y de laboratorio se puede prevenir la aparición de cualquier efecto adverso, los cuales como mencioné, son muy raros. //El Nacional

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