lunes, 24 de febrero del 2020

Mundo editorial venezolano se encuentra en coma

12:26 pm
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Una novela de terror, o quizás de suspenso, sería el género literario que más se ajusta a la situación actual del negocio del libro en Venezuela, un sector que no se salva de los efectos de la crisis económica y cuyos actores exploran opciones para mantenerse operativos, destacó un despacho de la agencia Efe.

Aunque la caída de las ventas de libros impresos no es un fenómeno exclusivo de Venezuela, el mundo editorial del país caribeño pasa por un período de vacas flacas que parece no tener fin en el corto plazo.

“El mundo editorial está en estado de coma”, resumió, durante una conversación con Efe, el director de AB Ediciones de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Marcelino Bisbal.

Como víctimas de un asesino en serie, o del mayordomo de las historias clásicas, varios de los actores del mundo editorial venezolano han desaparecido de la escena en los últimos años arrastrados por la recesión.

Por su parte, Sergio Dahbar, propietario de la Editorial Dahbar, lamentó las pérdidas del sector desde hace ya tiempo. “Hemos perdido ferias, hemos perdido librerías, hemos perdido gente, hemos perdido muchos lectores”, explicó el editor.

En 2019, al igual que en los años precedentes, el volumen de libros facturados ha disminuido en todas las categorías, aunque los porcentajes varían según el nicho de mercado.

En el caso de los libros escolares, por ejemplo, las seis editoriales que todavía operan -después de que unas 20 cerraron-, vendieron un 60 % menos de ejemplares en comparación con 2018, reveló la presidenta de la Cámara Venezolana de Editores (CAVE), Yolanda Cajide de Fernández.

Un sello local de tamaño mediano, como es el caso de Editorial Dahbar, vendía alrededor de 1.500 libros por mes y ahora si “es mucho” vende 100 libros mensuales, menos del 10 %.

“Estamos vendiendo otros rubros, ya estamos vendiendo papelería, juguetería, tenemos morrales”, relató Antonio Hanawi, responsable de El Mundo del Libro, una cadena que se especializaba en libros técnicos, dada su cercanía a la Universidad Central (UCV) en Caracas. “Nos hemos mantenido porque nos hemos reinventado”, detalló.

Uno de los daños colaterales del adiós de grandes editoriales como Planeta, Santillana, Oceáno y Random House es que los títulos más recientes no están en los catálogos a disposición de los lectores. “No recibimos novedades desde hace dos años”, refirió Hanawi, al tiempo que señaló que los libros que ofrecen en sus anaqueles provienen de los inventarios de las editoriales que siguen activas.

Los pocos libros del “año” que llegan lo hacen gracias a que algunos libreros importan por su cuenta o son traídos por particulares que tienen la posibilidad de viajar al exterior.

Con unos costos por las nubes y un poder adquisitivo por el suelo, la producción de libros en papel sigue primando sobre la versión digital.

Mientras la historia de terror suma capítulos sin un final feliz a la vista, los actores del sector editorial se mantienen en pie, con la esperanza de no convertirse en la próxima víctima. //La Voz

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