lunes, 06 de abril del 2020

No hay milagros para el 2019 y tampoco después

10:46 am
0

Por : Luis Eduardo Martínez Hidalgo

Católico que soy acepto como dogma de fe la existencia de los milagros que sin embargo no dan para todo. Seguramente por esola conseja popular a los que oran para ganar una elección o hasta pegar un numerito: “Dios no se mete ni en política ni en la lotería” a lo que agregaría hoy “ni en enderezar entuertos de economía” si así calificamos benévolamente el mayor desastre económico y con tal social de país alguno en la historia reciente de la humanidad.

Es cierto que los venezolanos somos un pueblo extraordinario pero no es menos que entre las virtudes que exhibimos no sobran la entrega al trabajo, el apego a las leyes y a una ética superior. Para hablar más claro abundan los que con la convicción que “Venezuela es un país rico” están a la caza de su parte sin mayor esfuerzo y esta va desde unas notas estructuradas de las que repartía la enfermera de Cháveza la caja CLAP que entrega de vez en cuando el chavista del consejo comunal en medio de la nostalgia de la época dorada de CADIVI donde hasta los bebes se chulearon al estado venezolano tarjetas de viaje y/o electrónicas mediante.

Por allí andan unos irresponsables pregonando la fecha de un milagro esperado: será el 10 de Enero cuando millones apalancados en las redes sociales generarán las condiciones para que Maduro y sus panas, abrumados por el peso del face, twitter e Instagram, emprendan vuelo cual Pérez Jiménez en la nueva versión de la “Vaca Sagrada”. O como algunos seudoexpertos proclaman desde afuera se realice con éxito “una operación quirúrgica de máxima precisión” que en pocas horas demuestren lo que son capaces los marines. A propósito comento que desde la terraza de mis oficinas en Miami puedo contemplar las instalaciones del Comando Sur de los Estados Unidos en la 33 calle del NW y el pasado viernes que les eché un vistazo solo vi movimiento de decorar postes y árbolescon motivos denavidad. Más aun, ese día le comenté de pasada al esposo de una venezolana posgraduada en MAU, que hizo realidad su sueño americano casándose con un rudo oficial de operaciones especiales, de que muchos en nuestro país esperan que ellos hagan el milagro de “liberarnos” a lo que me respondió tajante: “Are you crazy? For what reason would our men go to your country to die for what you haven’t done yourselves”, palabras mas, palabras menos: “¿están locos?

¿Porqué nuestros muchachos van a ir a dejarse matar por lo que ustedes no hacen?
No se producirá un milagro el 10 de enero, ni días, ni meses, ni años después –y no olviden Cuba, Corea del Norte o Zimbabwe para que tengan presente cuanto puede durar un régimen aislado- sino se construye una solución en unidad y con desprendimiento, tesón, sacrificio, racionalidad.

Por si fuese poco, lo más difícil viene después y allí menos es de esperar un milagro. La recuperación de Venezuela, su conversión en una nación de prosperidad y oportunidades costara muchísimo y tardará por lo que los sembradores de ilusiones de que al cambiar el gobierno las cosas mejoraránrápidamente le hacen un flaco servicio a la estabilidad de una hipotética nueva gestión gubernamental. Si lo de Carmona fue de 48 horas, un gobierno que reemplace al actual signado por expectativas infladas durará lo que “un peo en un chinchorro” y será reemplazado rápidamente porquien sabe que de un amplio espectro que va desde una dictadura fascista hasta la guerra civil.
El “milagro alemán” término usado por primera vez por The Times en 1950 para describir la rápida reconstrucción de Alemania Occidental después de la segunda guerra mundial no fue tal sino el resultado de la voluntad de trabajo, en un marco de privaciones, de los alemanes así como por la política de reconstrucción del gobierno, mediante el auxilio del Plan Marshall que aportó entre 1948 y 1952 unos 1.600 millones de dólares, es decir la mitad de lo que le encontraron al sobrino preferido de Rafael Ramírez en sus cuenticas de ahorro en Andorra.

Tras volar de regreso de Estados Unidos, el sábado paré con Larissa en Lechería para asistir a un compromiso familiar. Entre los presentes un buen vecino y amigo, ex-vicepresidente de Pequiven y uno de los mejores especialistas de Venezuela en planificación financiera y gestión de fondos. Completamente sobrios, porque él y yo solo tomamos agua, me dibujó en detalle la tragedia de la industria petroquímica y petrolera y de paso la de las básicas de Guayana. No me dijo nada que ya no supiera pero abordó de manera sencilla el tema de la recuperación que será tan complejo y llevará tiempo: “10 años vecino, por lo menos 10 años desde que este gobierno sea otro”.
Con su típico acento maracucho, siguió: “lo primero que necesitáis son cobres y se caen a coba los que afirman que el día después vendrán a montón. Aquí no va a entrar nada mientras no haya estabilidad y un marco legal que blinde a los que aflojen sus cobrecitos porque olvídese que nos van a regalar lo que se necesita. Digamos que apuraítos tardamos tres meses en eso. Luego hay que salir a negociar con los bichos de afuera que lo que están pendiente es de rendir lo que tienen, yo los conozco, ninguno es hermanito de caridad. Ni el FMI, ni el banco mundial, ni los privados, van a abrir el saco sin poner condiciones y un acuerdo riguroso y eso puede tardarse entre 1 y 2 años negociando duro y no cuenten con los biyuyos que los ladrones se llevaron porque todavía los suizos tienen fortunas que los nazis escondieron en sus bancos de los judíos a quienes expropiaron y además gasearon. Después vienen los desembolsos que serán a goticas y con la fama que tenemos de choros rigurosamente controlados y tras ellos la procura y el difícil proceso de rehacer lo deshecho que puede llevarse entre 5 y 7años dependiendo del grado de destrucción. Y entonces si la elevación de los niveles de producción y la generación de riqueza de la cual hay que pagar lo que nos presten. 10 años vecino, pa’ ver luz, acuérdese de mi”.

“Todo eso en medio de un verguero de gente que lo que quieren es que le den pa’ viví como unos pachas sin mojarse el fundillo”. “Ni la Chinita puede pa’ tanto” sentenció.

Por tradición pedimos 12 deseos el 31 de diciembre mientras comemos “las uvas del tiempo” de Andrés Eloy Blanco. No sé si consigamos uvas pero aun si ellas yo como que voy a cambiar los míos por uno solo a Dios: que por una vez haga un milagro para que los venezolanos nos entendamos y saquemos al país adelante lo más pronto posible.

Se el primero en comentar

2 + 4 =

WhatsApp Únete a nuestro WhatsApp