domingo, 21 de julio del 2019

El Holograma Guaidó

8:17 pm
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Cada vez está más claro que el intento de golpe de Estado adelantado por la extrema derecha, como agentes y representantes certificados del Imperio Norteamericano, no es más que un proceso virtual, una ilusión óptica parecida a un espejismo o a una tenebrosa pesadilla. No han logrado trascender más allá de los círculos de las redes sociales y medios de comunicación que alimentan a la fauna de la derecha histérica. No han captado nuevos seguidores, por el contrario, el autoproclamado presidente usurpador Guaidó se desinfla rápidamente. Es un maloso holograma que se está quedando sin baterías y está destinado al más rotundo fracaso.

Tal cual, no hay modo de ocultarlo. La gente está viendo a un descompuesto Guaidó que no termina de concretar nada. Solo promesas incumplidas y fracasos, directamente proporcionales a los disparates que ha soltado con su irresponsable perorata.

Guaidó, a duras penas, es el presidente de las redes sociales y de los laboratorios mediáticos, un holograma gritando a todo pulmón que en esta “dictadura” no hay libertad de expresión, pero su inocultable cara de paracaidista y de circunstancias es permanentemente cubierta por un enjambre de periodistas, cámaras, teléfonos satelitales y demás artilugios modernos para no perder un detalle de esta nueva reedición de la impactante película The Truman Show (emulando al Big Brother de George Orwell). Todo encaja perfectamente y hasta los personajes se parecen.

A Guaidó solo lo apoyan las “etiquetas” fabricadas por las bandas neofascistas de Voluntad Popular. Gente que no produce nada en positivo para el país, pero que salen coordinados como relojes suizos a insultar por internet (pidiendo la hoguera para todo el pueblo Chavista), a bloquear las calles y avenidas en “inmensos” grupitos de 20 personas. Como siempre, trancándole el tráfico y molestando aún más a sus propios vecinos. La inocuidad como estrategia. Pero nunca olvidaremos que estos grupos fascistas fueron los que dirigieron las Guarimbas violentas y asesinas de los últimos años.

La verdad de la patética crisis del proyecto mediático de Guaidó gira en torno a tres tristes realidades (para él, su banda neofascista y sus impacientes financistas de la Casa Blanca): en primer lugar, no ha calado su corbatica de “yuppie” neoliberal en la masa popular (es un chupi chupi insípido e incoloro), por eso solo le habla a los mismos convencidos de siempre. No tiene fuerza popular y sin pueblo no tiene vida; en segundo lugar, su estrategia de quebrar y dividir a nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana chocó contra una roca monolítica de patriotas, prestos a defender nuestra Constitución, la democracia y la soberanía nacional; y en tercer lugar, el resto de los partidos y dirigentes de la derecha se han puesto el pañuelo en la nariz y cada vez son más reacios a acompañar y retratarse en la jugada suicida de la marioneta Guiadó y su verdadero instigador, el malévolo titiritero Leopoldo López. La extrema derecha se ha quedado sola en su golpe virtual.

El holograma Guaidó se desvanece a medida que pasa el tiempo. Su destino está trazado, se autodevorará y se consumirá íngrimo y solo en el fuego de su propia maldad. Todos los perversos planes que maquinó contra el pueblo venezolano se le revertirán. Contra el implacable reloj de la justicia y la verdad (tictac), no hay lacayo que pueda. Para colmo de males del holograma Guaidó, los gringos, que no son pendejos, cuando vean que este personaje no es el que “porta” (el chivo que más mea) lo sacrificarán de inmediato en cualquier negociación. Guaidó es solo un bufón, un miserable peón.

Debemos brindar el máximo reconocimiento al imbatible pueblo venezolano que resistió con coraje, paciencia y fortaleza todos los momentos difíciles durante los ataques a nuestro sistema eléctrico. La solidaridad y la hermandad en las comunidades superaron con creces las acciones miserables de un puñado de especuladores. Tememos un tremendo pueblo, descendiente de Guaicaipuro y de Bolívar, que jamás se doblegará ni ante los cipayos ni ante el yanqui invasor.

Por: Richar Canán

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