martes, 23 de abril del 2019

Entre la política y la guerra

12:01 pm
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La conspiración en Venezuela no ha tenido reposo en los últimos veinte años, pero ahora se torna con mayor gravedad por las circunstancias internas y externas que concurren en la actualidad: guerra económica, guerra mediática, guerra diplomática y recién, el ataque cibernético al sistema eléctrico y algo más. Quiero decir que el comportamiento conspirativo se realiza como instrumento de lucha antidemocrática, incluyendo actos de terror, en sectores de la oposición. Vemos que se aparta el debate político tradicional, convirtiendo la confrontación de ideas, partidos y programas en una lucha feroz entre enemigos, y más grave aún: empeorados por las llamadas redes sociales que sólo han servido para enconar el odio de los opositores.

Nuestra realidad se mete en las perplejidades de la guerra y la política y, contrario a la ecuación concebida por Clausewitz, pareciera por desgracia en nuestra tierra que la política se asoma como la continuación de la guerra por otros medios. Algunos piensan, fuera y dentro del país, que la guerra es la vía a la solución de los problemas de los venezolanos; la guerra, entonces, debe controlar la política. No hay diálogo dicen en la Casa Blanca y todas las opciones están sobre la mesa. Quieren la guerra. El Secretario de Estado de EEUU declara que su Gobierno está “decidido” a ingresar la “ayuda humanitaria” a Venezuela.

Es decir, pretenden traernos la muerte en medio de una dinámica perversa de “ayuda” para hacer la guerra y derrocar al Gobierno, mientras sectores opositores esperan entusiastas la llegada del invasor. Es la única salida que ven para llegar al poder, no importa sus acuerdos con otro país para alcanzar ese objetivo, o con enemigos exteriores, grupos o asociaciones terroristas, paramilitares, insurgentes o subversivos, para conspirar contra la integridad del territorio de la patria o contra sus instituciones republicanas. Sectores opositores conspiran traicionando a la patria, para derrocar el gobierno u otro poder, o para cambiar violentamente la Constitución, pero lo hacen para la guerra, convirtiendo a la política en un medio. Ante su realidad guerrerista, la guerra controla la política y es la única forma -para ellos- de actuar, a sabiendas de una confrontación fatal. Ojalá no tengamos la mala suerte de vivir esa perversa paradoja del vecino de una “convivencia permanente entre la paz y la guerra”.

Por Beltrán Haddad

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