martes, 23 de julio del 2019

Las entrañas del monstruo

5:43 pm
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Venezuela está en el centro de la geopolítica mundial. Constituye hoy una referencia permanente. La autoría de esta realidad la tiene, en exclusiva, Estados Unidos. Todos sus últimos gobiernos, tanto el de Bush como el de Clinton, pasando por Obama hasta llegar al actual, el de Trump. Si alguna línea de acción ha sido continuada, coherente, sostenida y oficial, por parte de los gobernantes que despachan desde la Casa Blanca, ha sido la trazada por éstos sobre Venezuela.

Esa posición quedó muy bien definida por un mandatario progresista como Obama, quien definió a Venezuela, en forma tajante, como una amenaza inusual para la seguridad de los Estados Unidos. ¿En cabeza de quién cabe que una nación pequeña como Venezuela, pacífica, que siempre se ha colocado en el campo del diálogo y de los acuerdos, amenace a una potencia como los Estados Unidos? Insólita la caracterización del país, como insólito también que un gobernante democrático, inteligente, bien formado intelectualmente y conocedor de la historia, haya asumido semejante posición y suscrito un decreto falaz para colocar en la mira de las reacciones violentas a todo un pueblo que no tiene propósitos belicistas contra los Estados Unidos y que ubica las diferencias que existen en el plano del debate ideológico (Recomiendo la lectura del libro de Vladimir Acosta: “El monstruo y sus entrañas”).

Pero esa es la realidad. No solo la de ahora, sino la de siempre. Que en los actuales momentos adquiere particular agresividad. En anteriores presidencias hubo actitudes injerencistas como en la de Bush, quien se involucró en el golpe contra Chávez a través de su embajador en Caracas, Shapiro, y de la Misión Militar/EEUU que funcionaba en Fuerte Tiuna. O de Clinton, con posiciones ambiguas que en el fondo estimulaban malos entendidos. O de Obama, de insólita doblez. Pero la situación toca fondo con el acceso a la Casa Blanca de Donald Trump, empresario exitoso y político ultra conservador, racista, belicista, que concibe la función de presidente como una prolongación de su gestión en la actividad privada, rodeado por un inefable equipo de colaboradores extraído de la charca de aventureros con amplios prontuarios, entre otros, Bolton, Pence, Pompeo, Abrams, y muchos más ubicados en cargos de importancia en distintas áreas de la administración.

Para Trump Venezuela es una obsesión. En el pasado emitió juicios sobre la necesidad de declararle la guerra y apoderarse de su riqueza petrolera. No concebía que semejante recurso, muy próximo a los Estados Unidos, estuviera en manos extrañas. Hoy día, esa pretensión persiste en él y lo induce a desatar una política en extremo agresiva contra el gobierno venezolano, como lo estamos comprobando.

Por: José Vicente Rángel

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