domingo, 19 de mayo del 2019

¿Qué dicen las encuestas?

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En nuestra última encuesta de abril se registra una percepción extremadamente negativa sobre la situación del país (94,8%), incluyendo más de 70% de los chavistas que lo ven mal o muy mal.

La evaluación de gestión de Maduro continúa cayendo, rompiendo los pisos previos del chavismo. Este deterioro arrastra consigo la evaluación de las instituciones públicas vinculadas con la revolución, incluido el sector militar.

Por su parte, la mayoría de los líderes opositores presentan también un descenso en sus niveles de respaldo popular, lo que parece confirmar la tesis de que el tiempo, sin solución final del conflicto político y sin cumplir las ofertas de cambio, puede ser muy peligroso para el mantenimiento de la conexión y la esperanza en las bases de la población.

Llama la atención que en el medio de la fuerte crisis económica del país y los graves problemas de caja que enfrenta el gobierno en control territorial, la penetración de su principal política social, los Claps, haya crecido sustancialmente hasta llegar al 85% de los entrevistados, casi 9 puntos porcentuales más que en el mes de marzo.

Este mecanismo parece la clave del control social de Maduro y un bloqueador importante para el éxito de la convocatoria opositora reciente al paro nacional (un error cantado en un país donde, ni la gente, ni los empresarios sobrevivientes, resisten ya mayores sacrificios).

Esto sólo reforzaría la dependencia de la población a la revolución, que sería la única que puede tener algo que repartir, apoyada por sus aliados.

Con respecto al blackout eléctrico, siete de cada diez venezolanos piensa que se debe a la falta de inversión y mantenimiento de la red, mientras otro 10% cree que es una estrategia deliberada del Gobierno para ganar tiempo y desinflar a la oposición.

Los problemas más importantes vinculados a ese hecho fue la falta de comunicación, el deterioro y pérdida de alimentos, los problemas con los puntos de venta, en un país sin efectivo y, por supuesto el agua.

Un 51,3% de la población consideró irse del país en el medio de la crisis eléctrica, lo que sin duda puede hiperestimular el proceso, ya dramático, de migración. La responsabilidad de la crisis recae contundentemente en el gobierno de Maduro, con un 76,8%.

El diálogo, como mecanismo de solución, pierde terrenos porque la población desconfía del interés real del gobierno territorial para adelantarlo de manera transparente.

Sin embargo, los acuerdos políticos (cambiando la semántica) reciben un 55,6% de respaldo cuando se refiere a chavismo y oposición, mientras que ese apoyo se reduce a 25,9% cuando nos referimos a un acuerdo opositor con los militares.

Sobre las sanciones, el apoyo a las personales es contundente pero se fractura cuando se refiere a las sanciones generales, que para el 40% de los consultados, lejos de ayudar a la solución, pueden afectar más al país y a la población común que a, propio Maduro.

Todo parece indicar que la gente quiere acción más que sanción y eso incluye desde las acciones democráticas, pacíficas y electorales, que son obviamente las preferidas y deseadas por los venezolanos, hasta las acciones más radicales, internas y externas, que van ganando terrenos ante la ausencia de confianza en que los mecanismos preferidos puedan adelantarse con éxito.

Esto representa un reto gigante de solución inmediata del problema, antes de que sea demasiado tarde y se conduzca al país a una guerra interna, que se sabrá cuándo comienza pero nunca cuándo termina.

Finalmente, la solución electoral, obviamente transparente y competitiva, sería recibida positivamente por la mayoría contundente de la población. El problema es que si mi abuelita tuviera ruedas… sería bicicleta.

Por: Luis Vicente León

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