domingo, 21 de julio del 2019

Resiliencia

9:39 am
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Días atrás un editor amigome sorprendió gratamente al solicitarme seleccionara 100 de mis columnas que semanalmente insertan medios impresos y digitales para publicarlas como libro.

Pronto harán 8 años cuandola entonces jefa de redacción de El Carabobeño me invitó a incorporarme a su equipo de colaboradores permanentes y con tal redactara periódicamente un artículo de opinión. Tras el periódico por excelencia de los valencianos se interesaron otros y hoy suman más de medio centenar los que me obligan disciplinadamente a redactar una nota “de no más de 2,500 caracteres” cada 7 días.

Nunca me han sugerido tema ni mucho menos limitado lo que escribo, que en los actuales tiempos es de valorar. Usualmente redacto los domingos en la madrugada y en más de una ocasión me he acostado sin tener idea de lo que me ocupará horas después pero inevitablemente al despertarme sé a qué referirme. Escribo de corrido y si bien reviso, antes de enviar mi colaboración, reconozco que se me escapan errores y al leerlas después siempre encuentro que pude haberlo hecho mejor por lo que aprovecho disculparme con mis lectores que no sé cuántos son pero que agradezco.

Dediqué entonces buena parte del fin de semana a buscar y releer lo publicado y entre tanto escoger encontré una que me gustó particularmente y que hoy sigue siendo de actualidad.

En “Resilencia”, salida en Noviembre de 2016, .relaté una noche en la cual velé con guerrilleros del Frente Polisario, en medio del desierto del Sahara; hombres y mujeres que en uno de los hábitats más duros del planeta, azotadospor una gran penuria, con las pocas armas que les llegaban desde la vecina Argelia, luchaban por su independencia y libertad.

Conté que pocos días antes, viendo noticias, reconocí a una de mis interlocutoras de esa noche. Era Jira, nunca había olvidado su nombre ni su rostro, porque fue la que con más pasión defendió la lucha que por la liberación de su pueblo libraban. Había huido de El Aaiún en medio de los bombardeos de la aviación marroquí para instalarse entre los refugiados de Tindúf y todavía lloraba a su hermano mayor muerto en batalla.

Jira Bulahi Bad, pasados treinta años, con el rostro marcado por las arrugas y el sol del Sahara, encabezaba una marcha de protesta por el incumplimiento de los acuerdos de Madrid que obligan a la realización de un referéndum por la autodeterminación del pueblo saharauiy exhibía idéntica fe en la proximidad del triunfo soñado.

Pasé luego a indicarles algunos de los hábitos, que se adquieren, para ser resilientes:

Tener conciencia de nuestras potencialidades y limitaciones; ser creativos; asumir las dificultades como una oportunidad de aprender; ver la vida con objetividad pero siempre con optimismo; rodearse de personas con actitudes positivas; ser flexibles ante los cambios y tenaces en los propósitos.

Cuando muchos vacilan invito a ser resilientes, como Jira que a pesar de que la adversidad de ella y de su pueblo suma cuatro décadas resiste y mantiene la esperanza intacta que el mundo de mañana será mejor pero, por cierto, no espera que otros hagan la tarea por ella ni descansa en procurar que sea así.

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