lunes, 21 de octubre del 2019

“Por muy mal que se esté en Brasil se está mejor que en Venezuela”

11:21 am
313
0

La crisis migratoria venezolano hizo común comer arepas en Chile y escuchar a un compatriota llamando de “Pana” a un argentino mientras que en Brasil, el portugués con acento venezolano se apoderó de la capital amazónica.

Los venezolanos se reconocen entre quienes venden botellas de agua en la plaza principal de Manaos baja un calor infernal que solo disminuye en la madrugada. Entre los camareros de los restaurantes y en las heladerías también hay “chamos” parlando venezolano.

Corresponsales de El País escucharon el característico español cerca de una estación de autobuses, donde Andreina Márquez y otros compatriotas asaban pescados para comer.

Manaos es, hasta el momento, el único paso fronterizo entre Brasil y Venezuela por lo que en esta localidad se aglomera un gran número de migrantes venezolanos. Es por esto que el gobierno de Jair Bolsonaro destina parte de los recursos del Estado para “repartir” a los vecinos, producto de ese esfuerzo, a la fecha, alrededor de 15.000 personas fueron distribuidas entre 250 municipios de Brasil.

Lea también: Brasil “repartirá” a los venezolanos

“Dios nos tiene algo preparado, pero antes tenernos que pasar esta prueba”, afirma resignada Márquez, quien, como la mayoría, entró por Pacaraima, un pueblo apartado que se mueve por el comercio informal y que, a diario, recibe a cerca de 200 venezolanos que huyen de su país en un desesperado intento de sobrevivir.

Brasil, al igual que Colombia, es uno de los pocos países que no les han puesto esa traba llamada visa a los venezolanos.

Aunque Brasil cuenta con una población de más de 200 millones de habitantes, la llegada de 180.000 venezolanos en menos de tres años amenaza con asfixiar Pacaraima y Boa Vista, que no se dan abasto para una migración de tal magnitud.

Ante esta situación y la inevitable llegada de más venezolanos, el Estado está tomando medidas como el Programa de Interiorización que no es más que un nombre rimbombante para definir una estrategia de reubicación similar a la que gestiona la ONU.

“Una vez los migrantes reciben una documentación y con ello acceso a todos los servicios públicos, las autoridades seleccionan a los migrantes más vulnerables – una mujer sola con hijos o una persona mayor siempre tendrá preferencia sobre un varón joven – y negocian con los servicios sociales municipales, estadales, con empresas para encontrarles un destino. No es fácil porque la demanda supera la oferta.”, explica Niusarete Lima, asesora del Ministerio de Ciudadanía.

En este programa implantado por el Estado brasileño y heredado al gobierno de Jair Bolsonaro por su predecesor, también participan Acnur y la Organización Internacional de Migraciones (OIM).

Hasta ahora, resalta la ciudad de Dourados, la cual alberga a más de 1.000 venezolanos que, hoy, trabajan en el sector industrial.

“Si cada municipio acogiera a una familia, ni se notaría”, resalta Lima tomando en cuenta que Brasil tienen más de 6.000 municipios.

Para la fecha, cerca de 7.000 migrantes viven en refugios de Boa Vista y Pacaraima, dos de estos albergues son exclusivos de indígenas Warao, los primeros en migrar a Brasil es por ello que, como dice Lima, se “necesita tener canales por si la situación se agrava”.

Lea también: ¿Qué extrañar de Venezuela?

Entre las medidas tomadas por Brasil está la reunificación de parientes ya instalados en otras ciudades, la reunificación social con amigos asentados y la identificación de empresarios que buscan empleados, para esto último Brasil facilita las entrevistas de trabajo con migrantes a través de videoconferencias. Todo eso con el fin de reducir la concentración de venezolanos en la frontera dándoles un “empujón” para que en cosa de tres meses puedan valerse por sí mismos.

El sacerdote español y responsable de la atención de venezolanos por la iglesia católica, Jesús López Fernández Bonilla, por medio de su comedor comunitario Café Fraternal da desayuno a entre 1.300 y 1.500 personas al día. Para Fernández, los discursos xenófobos son una preocupación enorme como también lo es la interiorización de los migrantes quienes “llegan a paso de caballos, y salen con paso de tortuga”, esto mientras los recelos se arraigan.

Poco a poco, el Estado va trasladando venezolanos a Manaos esto, pese a que unos llegan con la idea de buscar trabajo en las grandes ciudades, como pensó Márquez quien todavía no tiene nada estable y sobrevive con lo que le regalan las iglesias; gracias a un  hermano envió a su hija a Sao Paulo mientras espera la llegada de su hijo y nietas con el dinero que, con  mucho esfuerzo, logró enviarles para que compraran los pasajes. Márquez sabe que a su familia le espera un futuro difícil pero para ella, por muy mal que estén en Brasil sabe que estarán mejor que en Venezuela “Quiero que vengan, aunque sea para que no pasen hambre”.  

Con información de El País

Por: Elly Hernández

Para más información únete a nuestras redes:

Whatsapp: https://cutt.ly/OwL4L0r

Telegram: https://cutt.ly/qwL49M0

Y síguenos en nuestra red social Instagram

Intagram: https://cutt.ly/1wL3aSI


Se el primero en comentar

3 + 1 =

WhatsApp chat