jueves, 27 de febrero del 2020

Punta Cana

10:52 am
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Por razones de trabajo paro en Punta Cana un par de días para luego continuar a Miami a mi rutina en Millennia Atlantic University.

El aeropuerto bulle de actividad; gigantescos aviones aterrizan uno tras otro mientras lujosos jets ejecutivos esperan su turno de tomar pista. “Hoy se esperan 65 vuelos internacionales” me informa el funcionario que agiliza mi paso por inmigración.

Cuatro décadas atrás, Punta Cana ubicada en el extremo oriental de República Dominicana era solo jungla y playas, en palabras del empresario español  Gabriel Barceló, de “arena blanca y un mar azul, verde, de mil colores, que no había sido pisado por prácticamente nadie”. En 2018, más de 4 millones de turistas la visitaron y gastaron unos 5,200 millones de dólares.

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En Cafeína, un bonito desayunadero a las puertas de Cap Cana, hablo con una de las herederas de la familia Rainieri, responsables en buena medida del boom de la zona y a mi pregunta de cuáles fueron las claves de tanto éxito me precisa que la iniciativa e inversión privada.

Como no había nada y el gobierno poco se interesaba, promotores privados lo hicieron todo. El aeropuerto, la empresa eléctrica, sistemas de aguas, hoteles, campos de golf, viviendas, empresas de vigilancia, colegios, una Universidad, hospitales, vialidad, centros comerciales. Bueno casi todo, porque la autopista del Coral que va de Santo Domingo a Punta Cana una distancia casi igual que de Caracas a Barcelona se construyó durante el gobierno de Leonel Fernández con financiamiento del Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela.

No hay cifra exacta de las milmillonarias inversiones que el sector privado fundamentalmente extranjero ha volcado sobre Punta Cana. Estadounidenses, canadienses, españoles, alemanes, italianos, británicos, chinos, colombianos, brasileños y venezolanos, muchos venezolanos, se cuentan entre los que han sembrado fortunas en estas tierras dominicanas. Los de moda ahora son los rusos. Los antiguos camaradas apuestan fuerte y en cada conversación se menciona la última jugada: el mayor turoperador ruso, Anex Tour, construye el que será el mayor hotel del Caribe, un complejo de 7,000 habitaciones, que generará miles de puestos de trabajo e impulsará aún más el turismo en la región.

No es por cierto Punta Cana o mejor la Republica Dominicana caso único. A hora y media de vuelo, los  jerarcas de la Cuba se afanan en captar inversores privados extranjeros. En los medios, Rodrigo Malmierca, ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera cubano, informa que disponen de una cartera de 525 proyectos por un monto estimado de 11.609 millones de dólares, vinculados a la ganadería, las industrias alimentaria, ligera y sideromecánica, así como la química y la minería, ratificando el turismo como la mayor fuente de oportunidades con 187 proyectos, todos bajo el marco de la Ley No.118 de la Inversión Extranjera, que en el ultimo año hizo posible captar unos 5.500 millones de dólares pactados con compañías privadas de 28 países.

¿Y en Venezuela, cómo vamos? Sumergidos en una confrontación suicida, salvo especuladores de alto riesgo que se concentran en la extracción petrolera y minera sin dejar mucho localmente, inversionistas privados no solo extranjeros sino también los nacionales, ignoran nuestro potencial y ponen lejos las posibilidades de recuperación de una economía, y con ello lo social, que ha retrocedido a niveles de la Venezuela del siglo XIX.

Por: Luis Eduardo Martínez 

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