viernes, 07 de agosto del 2020

¡Qué grave paradoja!

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Cada día que pasa se desperdician millones de toneladas de alimentos en el mundo y al mismo tiempo aumenta el hambre. Un informe de la FAO de 2018 indica que 821 millones de personas padecen hambre y más de 150 millones de niños sufren retraso del crecimiento.

 

Dice el Informe que el hambre ha aumentado en los últimos tres años, volviendo a los niveles de hace una década. Por supuesto, el derecho a no tener hambre aparece como una categoría jurídica que se hace inalcanzable para los millones de hambrientos constituidos sobre todo por niños, mujeres y ancianos.

¡Qué cruel desperdicio! En el mundo se pierden 1.300 millones de toneladas de alimentos cada año, mientras países de África están sitiados por tormentosas hambrunas. En América Latina 40 millones de personas pasan hambre. De acuerdo con un estudio de hace unos años realizado por la Universidad de Arizona, en Estados Unidos se perdía el 50% de los alimentos cosechados al año, mientras 4.6 millones de personas padecen de “grave inseguridad alimentaria”.

Igual sucede en Europa donde se desperdician cada año millones de toneladas de alimentos. Frente a todo este desperdicio aparece un argumento consecuencialista según el cual “cualquiera en la posición de hacer algo bueno está obligado a hacerlo”, pero no hacerlo implica ser moralmente responsable. Reducir significa amortiguar el hambre.

El informe de la FAO de 2017 observó que hay tres factores detrás del reciente aumento del hambre: los conflictos, el clima y la ralentización económica, y aportó un estudio en profundidad del papel de los conflictos. La resiliencia ante los conflictos es fundamental, pero no es el caso ante el cruel desperdicio de alimentos en el mundo.

Si se pretende el objetivo global de “hambre cero” para el año 2030, algo difícil y cuesta arriba por la situación que plantea esta pérdida de alimentos calculada en 1.300 millones de toneladas por año y el aumento del hambre cada día, es necesario acabar con el desperdicio.

La ONU, entre los roles de esta problemática, plantea documentar lo que está pasando y crear una plataforma de intercambio de soluciones porque se trata de un desafío universal que se advierte ante el desperdicio de un tercio de la producción de alimentos y el hambre que aumenta cada día. ¡Qué grave paradoja!

Por: Beltrán Haddad

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