lunes, 26 de agosto del 2019

Racismo y bloqueo

5:13 pm
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En Texas, EEUU, dos policías montados a caballos arrastraron con una cuerda a un hombre afroamericano por el centro de la ciudad como en los viejos tiempos de la esclavitud, pero con comunicado justificante del jefe de la policía de Galveston sobre ese humillante traslado a la sede policial. Dijo el funcionario que amarrar a la persona y llevarla en la forma en que se hizo no es otra cosa que “una técnica entrenada, y la mejor práctica en algunos escenarios”, pero que los policías “mostraron falta de criterio porque podían haber esperado una unidad de transporte en el lugar del arresto”. Algo así como un sofisma, pero que afecta a la dignidad humana.

Mientras esa acción de barbarie y racismo sucedía un sábado en Texas, otra situación iba a suscitarse en Washington. El día lunes, 5 de agosto, el Presidente Trump arremete contra Venezuela en una acción ilegal coercitiva de bloqueo económico, comercial y financiero total.

Sus consecuencias, por supuesto, afectan al pueblo venezolano porque le confisca bienes y activos propiedad del Estado en territorio de EEUU y en otros países por más de 30 mil millones de dólares; también prohíbe el acceso del Gobierno y de Pdvsa al financiamiento internacional, mientras al Banco Central como a la banca pública le impiden operar en el sistema financiero mundial.

Además, esas medidas coercitivas unilaterales y arbitrarias no sólo ordenan el congelamiento de millones de dólares que tiene Venezuela en la banca internacional para medicinas y alimentos, sino que le prohíben el comercio marítimo y persiguen cualquier tipo de operaciones que pretenda Venezuela con su oro en el exterior.

Por el tiempo que ha pasado después de San Francisco (1945), todo es violación descarada de los principios y propósitos de la Carta de la ONU, sobre todo el numeral “4” del artículo “2” que es un mandato de prohibición. Día a día se hace más difícil preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra. Lo digo en los mismos términos de la Carta en su rezo principal. ¿Qué ha pasado con la práctica de la tolerancia y el propósito de vivir en paz? Sencillamente que los países poderosos, su neoliberalismo y su poderío militar se han adueñado de la Carta fundacional en desmedro de la mayoría de los países signatarios, engañados y agredidos, bajo una ficción de igualdad soberana de los Estados. Hoy, racismo y bloqueo son dos cosas del mismo fogón.

Por: Beltrán Haddad

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