sábado, 14 de diciembre del 2019

TAVIRA

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Amanece en Tavira, de los más bellos pueblos en el sur de Portugal. Desde la terraza en la cual escribo puedo ver el rio Gilāo y un laberinto de calles de casas blancas, plazas arboladas y la cúpula de la iglesia de la Misericordia. Llegamos hace pocas horas a acompañar en su boda a la hija de unos amigos a quienes queremos como familia.

La región exhibe un PIB per cápitapor encima de la media europea. La prosperidad que marca a sus alrededor de medio millón de habitantes –menos que la población de Monagas- proviene fundamentalmente del turismo: se estima que el año pasado unas 9 millones de personas visitaron sus playas y villas y dejaron miles de millones de euros en sus arcas. El día anterior al sumergirme en un mar de aguas frías para mi gusto, confieso que en nada me impresionaron al recordar las de Mochima pero minutos más tarde, conversando con un empresario venezolano que mudó su fábrica de calzados de Turmero a Coimbra, coincidimos que la diferencia se nota en los servicios, la infraestructura y la cultura de atención al visitante.

Hablamos del “milagro portugués”, un país que es 10 veces más pequeño que Venezuela con un tercio de nuestra población, sin una gota de petróleo, pero que hoy muestra una sólida economía con estándares de vida de los mejores. Me insiste mucho en la calidad de los sistemas de salud y de educación y me cuenta de lo buenas que son las escuelas públicas en la que sus hijas cursan.

El Portugal de hoy suma cinco años continuos de sólido crecimiento tras pésimos gobiernos que le convirtieron en el paria de Europa. El actual Ejecutivo exhibe como resultado el mejor desempeño económico y financiero en décadas, con una tasa de desempleo bajísima, aumentos sostenidos “reales” del salario dinamizando así la demanda interna, reducción de impuestos a la par que un agresivo plan para promocionar la inversión extranjera directa que ha ocasionado el ingreso no solo de montañas de dinero sino que hasta celebritiescomo Madonna han fijado sus residencias por la seguridad que se le brinda a los de afuera.

“¿Cuál a tu juicio es la clave de tanto logro?” pregunto a mi amigo mientras saboreamos unas típicas sardinas fritas. “Yo no voy a responderte por lo que hace o deja de hacer el gobierno porque nunca me metí en política en Venezuela, menos aquí” precisa, “yo te puedo hablar de mi experiencia”. Sin dejo de nostalgia comenta: “llegamos por azar, con una platica que logramos sacar de Venezuela. Decidimos salir cuando empezaron a llamarme y amenazar a mis hijas si no le daba unos reales al desconocido interlocutor. Nos recibieron súper chévere y facilitaron las cosas  cuando resolvimos comprar una fábrica de nuestro ramo que estaba cerrando. La integración fue rápida, las reglas eran claras y nadie me quito un euro por los permisos. El banco en el que abrí la cuenta no me había dado la chequera cuando ya me estaban ofreciendo créditos pero lo mejor fue y han sido mis trabajadores. Que gente más leal, comprometida con la producción, como se esfuerzan y colaboran”.

“¿Volverás a Venezuela si hay un cambio?”.  Mira por unos segundos  el paisaje de ensueño que nos circunda para responder: “Si, sin duda, volvería si hay un cambio pero por cierto, este no solo debe ser del gobierno, tenemos que cambiar todos”.

Por: Luis Eduardo Martínez

 

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