miércoles, 23 de septiembre del 2020

Tío José

9:21 am
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Conocí a Tío José en Maturín cuando era un muchacho. Mediaban los años 70 y yo era entonces dirigente estudiantil de AD, al salir de clases casi a diario me caía en la vieja casa del Partido del Pueblo para pasar un rato entre compañeros. Me gustaba mucho el ambiente de familia y fueron incontables las veces que sentados en los tubos de la antigua distrital oímos de los líderes regionales, pasajes de la vida de la organización en la cual militábamos con entusiasmo.

 

Supongo que fue un septiembre cuando en medio del frenesí de los preparativos del aniversario,  hago memoria y casi aseguro que fue el 43 cuando nos enteramos que el baile de gala, todo un acontecimiento social en la ciudad, lo amenizarían en un mano a mano la Billo’s Caracas Boy’s y Los Melódicos. Como no teníamos con qué pagar la entrada, varios miembros del Buró Juvenil, fuimos a llorarle a Carmen Brusco, un icono del adequismo regional, implacable cancerbera para el ingreso a la fiesta.  La Sra. Carmen –así la llamé hasta el último día que la vi- que con nosotros era muy especial, aceptó colearnos pidiéndonos que llegáramos como a las 11 de la noche pero eso sí “tienen que ponerse flux”.  El problema ahora era otro porque por lo menos yo no tenía uno.

Casi rendido le conté a Alexis Guzmán, quien después fue mi compadre querido y para entonces fungía como líder de nuestra fracción en el Pedagógico, sobre mi imposibilidad de asistir a la fiesta aniversario por no tener flux, a lo que me respondió que no me preocupara que él resolvería. Pensé que me prestaría uno cuando me pidió que le siguiera.

Cruzamos la avenida Bolívar y sin saber para qué entramos a la entonces sede del Club Árabe. Tras sortear al portero, caminamos entre las mesas llenas de paisanos jugando cartas, fumando y tomando. El compadre muy desenvuelto saludaba aquí y allá hasta abordar a un grupo que le recibió con cariño al son de “¿cómo está el compañerito? Alexis los trató a todos como Tío y después de presentarme como dirigente adeco, hablamos un rato del Presidente Pérez que entusiasmaba por igual. Ya de despedida, el compadre le preguntó a uno de ellos si podíamos pasar al día siguiente por su negocio porque quería plantearle un problema que tenía el compañero Martínez. Con gran cariño le respondió que sí, a lo que nos despedimos de él con un “nos vemos mañana Tío José”. Afuera le comenté: “No sabía que tenías un montón de tíos turcos”, a lo que respondió algo como: “no vale, lo que pasa es que a los turcos decirle tío es una manera de dirigirse con respeto y cariño. No olvides eso”. Convenimos en encontrarnos frente a la gobernación con el dinero que tuviese  porque seguro resolvíamos.

De la Universidad me fui en autobús y con Alexis entré por primera vez a La Preferida. Allí estaba el Tío José con un metro alrededor del cuello. Alexis más desenvuelto habló por mí y en un santiamén el tío me estaba probando un flux blanco que era según “una pinta de Carlos Andrés”. Me hizo tremenda rebaja, me regaló la camisa y la corbata y cuando le dije que lo que tenía encima no me alcanzaba me indicó que después le pagara el resto. Mandó a buscar unos cafés y conversamos un rato contándonos con orgullo que era amigo de Alfaro y muy querido de su compadre Turmero Barrios.

Nacía una relación que duraría hasta hoy.

Tío José y la familia Chaer ha sido una constante desde entonces en mi vida y en la de mi familia, también la tía Susu. Son incontables las veces que hemos compartido en sus casas y ellos en la nuestra, las navidades y los años nuevos que disfrutamos juntos, el “arroz con arroz” que tanto nos gusta aunque ya no sea lo mismo desde que la tía murió, sus nietos creciendo con nuestros hijos gritando en la piscina de La Floresta  o corriendo bicicletas en Tonoro, él y yo durmiendo en un mueble lado a lado cuando las veladas se extendían donde Nicolás o Ragden. Siempre presente en cumpleaños y bautizos, igual en las ocasiones tristes que ha habido.

Cuando fui gobernador me encantaba caminar hasta La Preferida y tomarme un jugo de lechosa que el Tío mandaba presto a comprar; cuando dejé tal responsabilidad el Tío siguió allí con el mismo cariño, no como algunos que entonces entendí solo apreciaban el cargo.

Tío fue, es y será un ejemplo para nosotros. Llegó de El Líbano con casi lo que traía puesto y se fajó a trabajar. A puro esfuerzo levantó a los suyos y hoy más que las empresas que deja, son sus hijos y nietos su mejor fruto. Honesto, humilde, servicial, cariñoso, esposo dedicado, padre y abuelo excepcional, amigo de los amigos sin importarle sus tropiezos.

Mientras estuvo internado por coronavirus el Tío José,  a diario yo indagaba y oraba por él, igual por Nicolás. Cuando temprano llamé ayer  a Ragden para saber de su salud y entrecortado apenas pudo decir “se fue” me invadió una inmensa tristeza y confieso que lloré como ahora lo hago cuando escribo estas líneas.

Es un tiempo terrible. El COVID19 se ha llevado mucha gente buena y entre ellas al Tío José que ahora seguro abraza a la Tía Susu en un reencuentro pleno de amor. Descanse en paz Tío y sepa que siempre le recordaremos.

Por Luis Eduardo Martínez

 

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