lunes, 21 de octubre del 2019

Tragar sapos

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Locución verbal de terrible significado y contenido muy contundente, y parece de uso exclusivo de los pueblos de nuestra América. Se hace patente cuando cualquier coterráneo de “a pie” se ve obligado a aceptar o soportar un hecho que le causa fastidio e imponen como obligatorio. Ejemplo, la palabra del Premio Nobel Mario Vargas Llosa que la usa en la novela La tía Julia y el escribidor (La tía Julia y el escribidor, Barcelona 1996, p. 120).

Prueba de su realidad la encontramos en esa arquitectura de artificios periodísticos demagógicos que impone nuestra derecha.

Al extremo de tener que asumir un neolenguaje en el que hasta la vieja palabra democracia ha sido reinventada por el jeque de la turbamulta contra la sensatez y el buen juicio, que expresa en tamaño olímpico el sr. Trump.

Según él, la mejor democracia del mundo es la norteamericana. Esa, que permite que él se encarame contra el art. No 1 de la Constitución y como dice la sra. Nancy Pelosi “haga con ella lo que le venga en gana” y siga en el poder como si nada.

Además, a falta de criterio lógico, lo padezcamos todos lo días frente a la TV para que escoja cualquier arrebato verbal para imponer su tronada interpretación de la política nuestra y la del resto de los países del continente, y hasta “carajear” a todos los presidentes de nuestros países y hacerlos monaguillos de su voluptuosidad. Y ellos ven “comerse ese batracio de su democracia” y encima celebrarlo como una gracia.

Y lo peor, leer como algunos de nuestros periodistas toman sus palabras para hacer sus titulares como noticia del día y así despachar por la vía fácil su honorabilidad profesional, su sensatez y decencia.

Debemos decirlo, la derecha ha creado para defender sus valores un arsenal de frases y modos de escribir que nos impone a rajatabla y deja poco espacio para la racionalidad. Uno de los sapos que tenemos que comernos, es ese muro del bendito tema de los derechos humanos, con el remachado informe sobre el caso Venezuela de la benemérita sra. Bachelet.

Maraña de insensateces y falacias que, por cierto, la vendieron oenegés, que han hecho del tema de los DDHH una franquicia que explotan. Nada pecaminoso, salvo que sus “aportes” y “servicios” diarios, por sesgados, van en contra de una visión de avanzada social que se debe defender a favor de los menos favorecidos. O sea, señores: “A comerse otro sapo”.

Por: Tulio Monsalve


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