martes, 31 de marzo del 2020

Venezolanos se disputan con animales la comida de un basurero en Brasil

4:27 pm
0

Ver a un indigente caminar en medio de un basurero bajo el sol o sobre la fría noche en busca de restos de comida u objetos que puedan vender para sobrevivir es algo normal para el venezolano que vive en un país donde día a día, aumenta la crisis económica, política, social y humanitaria.

Para esos ciudadanos que no han llegado hasta ese punto, ni tienen pensado llegar, es triste y lamentable ver este tipo de situaciones mientras el Gobierno se jacta de decir que el país “esta bién y no requiere de ayuda humanitaria”.

Lo que no se esperaba hasta ahora es que este vergonzoso método se adoptaría en algunos de esos criollos que, sin medio en el bolsillo o un trabajo seguro, escaparon hacia otros países en busca de un mejor futuro, y lo que consiguieron, fue empeorar su estabilidad económica y social, debido a los actos de rechazo y xenofobia pese a haber recibido refugio.

Y es que ahora, los perros y buitres que rondan el vertedero de basura del municipio de Paracaima, ciudad de Brasil que queda a unos 10 kilómetros de la frontera con Venezuela, deben competir por tomar los restos de comida junto a unos 40 migrantes venezolanos que desde hacía tiempo, se alojaron en la zona.

Lea también: 16 años de prisión por asesinar a una venezolana en Costa Rica

Cortesía

En una visita al lugar, el equipo de reporteros de EFE constató que los refugiados viven en 6 pequeñas viviendas fabricadas con material de desecho, escondidos en medio del basurero.

La ciudad de Paracaima, es el único paso con 2.200 kilómetros de frontera terrestre entre Brasil y Venezuela, y que diariamente, recibe un aproximado de 400 venezolanos que huyen de su nación, y sin contar con muchos recursos para ir hacia su último destino, Boa Vista, terminan estableciéndose y en sus alrededores.

Una vez instalados en esa zona, buscan sobrevivir de lo que pueden conseguir, pues delante de los ciudadanos nativos de la región, padecen de ataques xenófobos causados por los aumentos de violencia.

Sin pena a nada

A estos venezolanos refugiados en Brasil no les apena decir que entre su búsqueda por conseguir entre la basura latas, metales, cartones y otros materiales reciclables que puedan ser revendidos, también escarban para encontrar comida para su propio consumo.

Uno de los migrantes no tuvo problema alguno en dejarse fotografiar mientras rasgaba una bolsa con pedazos de pollo congelado, que pese a que no se veía apta para su consumo, por el nauseabundo olor que emanaba, separaba las piezas que consideraba menos dañadas.

Las partes podridas que las arrojaba a lo lejos, pasaban a ser disputadas por los buitres y perros. Las partes aún servibles para su consumo, las escondía en un recipiente que tapaba con otras basuras para impedir que los animales le robaran su tesoro.

Cortesía

Desde la carretera, el vertedero pareciese que estuviese vacío, y tan solo se observan las montañas de desperdicios, así como por los numerosos perros y buitres, pero al adentrarte, podrás ver a varios grupos de personas removiendo objetos.

Los jóvenes

Preparar el desayuno, almuerzo y cena en una fogata improvisada en medio de una pila de basura es lo que diariamente realizan tres de entre unos 17 y 23 años de edad. En la visita de EFE, estos muchachos contaron con un plato de espaguetis y otro de carne enlatada, del que se desconocía su procedencia, y que comieron sin que la presencia de periodistas los interrumpiera.

«Recogemos materiales como cobre y aluminio para sobrevivir. Ahora llevamos cuatro días aquí, pero vamos y venimos, Algunas veces duramos dos o tres semanas. El cobre y el aluminio lo vendemos aquí», dijo a Efe uno de los jóvenes.

«Aunque no lo parezca, aquí estamos bien. Apenas venimos a buscar la platica porque en nuestro país no conseguimos empleo», indicó otro de los recicladores.

Cortesía

Ellos se identificaron como Júnior José, Julio Medina y Leonel González. Estos admitieron que lo encuentran a veces lo consumen si se encuentra en buenas condiciones, y que nunca se la llevan a sus familias porque puede ser perjudicial para los niños.

Agregaron que lo más difícil es la hostilidad que siente en las calles. Muchos brasileños los insultan y los amenazan.

“CORRERÍA TRAS LA BASURA”

La calma que trasciende en el vertedero se convierte en una competencia a ver quien consigue más comida u objetos que revender, cuando al lugar llega el camión que lleva los nuevos desperdicios procedentes de Paracaima.

Al momento, los migrantes tratan de rescatar de la basura recién llegada lo que les interesa, una vez que el compactador suelta todos los desechos. Si incursionas más allá del camino tapizado de basura, podrás conseguir un bosque que en el medio fue convertido en una pequeña villa por los refugiados. Aunque los frondosos árboles no te permiten ver las viviendas, allí residen los criollos, entre los que destacan varios niños y adolescentes.

Para huir del hambre, la falta de trabajo y la escasez de alimentos que hay en el país, la mayor parte de la población migrante cruza la frontera por Pacaraima y continúa hacia Boa Vista, desde donde, con el apoyo del gobierno brasileño, son trasladados a otros centros urbanos de Brasil, como Sao Paulo, Río de Janeiro o Recife.

Al menos 264.000 venezolanos que huyeron de su país e ingresaron a Brasil, según datos oficiales, ya solicitaron la regularización de su situación migratoria en el país.

Cerca de 4 millones de venezolanos han salido de su país rumbo a otros lugares del mundo desde finales de 2015, en uno de los mayores flujos migratorios del planeta, de acuerdo con la ONU.

Por José Alexander Piñango  @pjoalex958

 

Únete a nuestras redes: 

Whatsapp https://chat.whatsapp.com/LlJBOTS1Sa37K1m4xwOvQw

Facebook https://facebook.com/elperiodicodemonagas/

Instagram https://instagram.com/elperiodicodemonagas/

Twitter https://twitter.com/elPeriodicoDM

Telegram https://t.me/Elperiodicodemonagas

Se el primero en comentar

9 + 1 =

WhatsApp Únete a nuestro WhatsApp