jueves, 27 de febrero del 2020

Venezuela es una cola

2:08 pm
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Son las 4 de la mañana y de nuevo estoy en cola. En mi caso se trata de la gasolina que se extiende decenas de vehículos delante y que pronto se hará mas con los muchos que se incorporan. Unos dormitan, otros conversan, algunos apuran “un palito”, yo salto del laptop al celular, mientras saludo a algunos que se acercan.

A pocos metros es por una bombona de gas que, a pesar de los anuncios que se entregarán a domicilio a través de los consejos comunales, al agotarse obliga a plantarse frente al centro de distribución so pena de cocinar con leña si no se logra recargar un cilindro.

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La de los bancos ya no sorprende. Centenares aguardan que abran las puertas en procura de algo de efectivo, tanto como 20,000 bolívares o con mucho 50,000, menos de un dólar según el BCV o para medio cartón de huevos me dice mi hija.

En las paradas se agolpan en espera de una unidad destartalada, cuando no una “perrera’ que las hay de lujo con asientos y todo, para llegar al trabajo por el cual reciben una miseria: “Aumentan el salario mínimo en 50 % destacan los medios” con lo que al cobrar esta quincena dará, a un sinfín de trabajadores, para llevar a casa una harina pan y tomarse un café.

Aún quedan colas en aquellos comercios que con fe inquebrantable, y no menos avaricia, aceptan el petro. Es cierto que la mayoría, especuladores sin alma, lo reciben en un millón para cancelar “lo que haiga” a un precio grosero que en la noche cambiaron, pero el disfrute de Diciembre cuando al día siguiente les depositaban soberanos que minutos después cambiaban a dólares, empujando la moneda del imperio hasta las nubes, se les ha trocado en angustia ante el anuncio oficial que por petro recibirán petro, nada distinto.

Venezuela es una cola comenta un amigo y así es. Recuerdo viejas imágenes de la Rusia Soviética o de la Cuba de los Castro, de interminables filas esperando por un mendrugo de pan y el pesar que sentía por aquellos que no tenían el privilegio de vivir en un país como el nuestro en el cual la gasolina la regalaban en estaciones relucientes; el gas te lo llevaban a casa y cambiaban el cilindro si estaba feo; en el banco te entregaban el efectivo que solicitabas y con la tarjeta de crédito comprabas un televisor o viajabas al extranjero; el sueldo alcanzaba y en Diciembre era de gustos con los aguinaldos; no sabías que era una “perrera”; el bolívar valía; en la panadería no preguntabas si había pan, en la farmacia si tenían medicinas, en la carnicería si vendían carne por que sin duda encontrarías.

Una pregunta me asalta: En un país en el cual la economía continúa cuesta abajo, ¿cuánto se pierde en las colas? De las definiciones más simples de Hora hombre se tiene: “es la cantidad de trabajo hecho por un trabajador en una hora”.  Sería interesante que alguien calculara que tanto dinero equivale las Horas hombre de quienes medramos en colas, cualesquiera que estas fuesen. No se sorprendan si el monto es superior a nuestras escasas ventas de petróleo.

Por: Luis Eduardo Martínez

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