domingo, 17 de noviembre del 2019

Venezuela, provisionalmente

10:36 am
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Bienvenidos a la mitad del año 2019 en el país más del mientras tanto que nunca. En los archivos noticiosos, de cuando el gastrónomo Armando Scannone publicaba su libro azul (1994), José Ignacio Cabrujas escribió que cuando Caracas por fin fuese Caracas, se iba a conseguir con que ya tenía su recetario: “porque Scannone logra situarse de modo natural en algo que llamaré el futuro arquetipal, ese al que propendemos provisionalmente”.

La frase me ubicó –leyéndola por primera vez en 2010– en la hora puntual para entender cierto comportamiento del Caribe ante lo inacabado, y por consecuencia, la relación que algunos venezolanos tenemos con la esperanza, la espera, lo que quisiéramos concretar. Probablemente por eso la retórica soñadora de “la Venezuela posible” se mantiene vigente, como eso que deseamos tanto pero en el fondo sabemos que no tenemos idea de por dónde gestar. Digo yo.
“Déjalo así, que mientras tanto esto se arregla, así por lo menos funciona”. De “Déjalo así, en déjalo así”, se va depositando y soltando al azar lo íntimo, lo público y lo privado.
También se afecta lo importante porque lo urgente baila pegado con “Déjalo así”. Potabilizando, sintetizando, lo descrito antes: En épocas de lluvias sufre lo de siempre el país del mientras tanto.
De espera en espera nos convocamos de manos tomadas en perfecto círculo alrededor del famoso e inexistente volcán.
“Soy desierto, selva, nieve y volcán”, cantaban los jóvenes actores al final de una obra/taller de la dramaturgo Karin Valencillos. En la escena final se iba la luz justamente con el final del coro, y todos se preguntaban en la oscuridad “¿Volcán?”. ¿Somos volcán? ¿Tenemos un volcán? ¿Alguien se atreve a corregir la Canción de Venezuela?
Entre lo que no sabemos hacer y lo que creemos que somos sin tener, empieza el segundo semestre del año.
Sir Elton John. Desprendido del fear of missing out, es decir, el miedo a perderme de todo lo que pasa, y consiguiendo placer en el joy of missing out, que es lo contrario, disfrutar que te perdiste de cosas, moldeo un ermitaño necesario para surfear la hiperinflanción. Mi palabra del año es “sucinto”.
Dicho lo anterior, practico y disfruto mucho más las cosas que me interesan. Por ejemplo, gozo más películas como Rocketman, que veré por segunda vez. Llegué a la sala con el simple conocimiento de la estatura de Elton John y su exigente carrera, curioso por saber qué historia estaba él dispuesto a revelarnos mientras vive (aunque fuese a través de una ficción). Y he ahí el detalle de esta película: está basada en una fantasía real, tal y como reza el slogan del filme dirigido por Dexter Fletcher y estupendamente interpretado por Taron Egerton, significa ciertamente que la única manera de contar la historia del astro musical inglés sea viviendo, esta vez a través del cine, su fantasia sobre sí mismo.
Sobre el pesimismo. Reconstruye y concluye Theodore Zeldin:
La impotencia frente a la crueldad del mundo forma parte del sentimiento de pesimismo cósmico sobre el que se han levantado prácticamente todas las civilizaciones.
Las protestas contra la injusticia de la vida o la burla de las situaciones absurdas a las que conduce no cambian gran cosa.
Los seres humanos están condenados a la insatisfacción y a sentir que, incluso en sus momentos de gloria, “falta algo”, de modo que la única opción es rendirse a la creencia supersticiosa de que el deseo es inevitablemente fuente de tormento y de placer en igual medida.
¿Seguiremos perpetuando los hábitos mentales heredados de los días en que se esperaba el fin del mundo?
Por: Jonathan Reverón

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