viernes, 03 de abril del 2020

Venezuela. Violencia en el trabajo

12:27 pm
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La Asociación de Ejecutivos de Seguridad Oriente (AESO), realizó hace dos semanas en la ciudad de Lecherías, su Jornada Gerencial de Seguridad. Concretar este tipo de actividades no sólo habla del interés creciente de los profesionales por actualizar conocimientos, sino de la apuesta que hacen los patrocinantes en la calidad del recurso humano. En esta oportunidad y como ya ha sido una constante en los últimos cuatro años, tuve la fortuna de facilitar diversos temas a los socios de aprendizaje. Uno de los aspectos que llamó más la atención y que posteriormente generó consultas individuales, fue el relacionado con la prevención e intervención de la violencia en el lugar de trabajo. Quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el tema.

En un país como Venezuela donde la violencia es casi omnipresente, pareciera que por momentos llega a ser parte normal del día a día del ciudadano, incluso cuando se manifiesta en su entorno laboral. Lamentablemente no se trata de una realidad exclusiva de nuestra nación, ya que América Latina está reconocida desde hace varios años como la región más violenta del planeta. Así mismo, al realizar un análisis de los indicadores de los últimos años, la tendencia general ha sido a un empeoramiento de la situación, por tanto, las cifras que se esperan para este 2019 que casi termina, no parecieran ser optimistas. De allí que, a los profesionales de la seguridad, les despierte especial interés esta visión de la violencia, puedo darle tres lecturas preliminares.
La primera, es la positiva señal de que se amplía el alcance de opciones identificadas como de aplicación posible y eficiente en cada una de sus organizaciones, para gestionar eventos violentos. Puede interpretarse como la disposición no sólo a escuchar enfoques novedosos, sino a profundizar en los mismos, tropicalizarlos e intentar implementarlos considerando la realidad de recursos disponibles. Se ha logrado, por tanto, “despertar la curiosidad”.
La segunda, no menos positiva, es que existe la resistencia a asumir la violencia como “algo normal”. Cuando lo anormal no es asumido como tal por falta de la visión adecuada, por ausencia de conocimientos o por simple comodidad, la cantidad de iniciativas van a ser cada vez menos frecuentes. En cambio, cuando existe la resistencia a dejarse llevar por la anormalidad y hacerla parte invisible del entorno, la inconformidad positiva va a generar frutos.
La tercera señal tiene que ver con los impactos que han generado y siguen haciéndolo, las variadas crisis en Venezuela. En esta oportunidad se trata de los riesgos psicosociales que se manifiestan de diversas maneras en los ciudadanos. Eventos con varios niveles de violencia pueden y son originados como consecuencia de angustias, estrés, depresiones o miedos. No es extraño, por tanto, que en diversos centros de trabajo, la violencia pueda evidenciarse desde discusiones con un alto tono de voz, hasta agresiones corporales pasando por acoso laboral y violencia doméstica.
Un aspecto que llamó la atención a los participantes en el evento de AESO, fue comprender como algo que pareciera de carácter eminentemente privado, como lo es la
violencia doméstica, tiene un impacto directo sobre el entorno laboral de la víctima o del victimario. Los protagonistas de este tipo de violencia no se limitan a la tradicional pareja esposo y esposa. Comprende también a parejas que viven juntas, a familiares cercanos como padres e hijos y otras personas relacionadas del mismo o diferente sexo. Por otra parte, por lo general el enfoque de los casos que se gestionan en entornos laborales va dirigido a la víctima, pero también debe preverse cómo gestionar al victimario. Una organización indiferente a los casos de violencia doméstica es cómplice de las consecuencias que, por ejemplo, se deriven en el clima organizacional y en su reputación.
Cuando se habla de violencia en el lugar de trabajo, por lo general las personas lo asociación casi que inmediatamente, a conflictos de carácter laboral y relacionados íntimamente con la naturaleza productiva de la organización. Las actividades delictivas son una de las fuentes de violencia que más afectan a los trabajadores. Por la naturaleza de las actividades comerciales, industriales o de servicios, algunas organizaciones están más expuestas a la violencia que otras. De allí que la unidad de protección cumple un papel clave, para por medio de sus gestiones, minimizar el impacto de los delitos violentos sobre la integridad de la población laboral.
Así mismo, partes interesadas en el negocio tales como clientes, proveedores o contratistas pueden ser generadores de violencia que, aunque inicialmente está dirigida a la organización, son los trabajadores los primeros impactados.
A medida que el entorno evoluciona, lo que ha sido conocido como un riesgo tradicional, puede materializarse de diversas formas. De allí la importancia no sólo de identificar los cambios sino, proactivamente, formar parte de la solución.
Por Alfredo Yuncoza

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