domingo, 16 de febrero del 2020

¿Y el pueblo?

12:07 pm
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Escribo estas líneas con una mezcla de angustia y preocupación. Angustia por la situación dramática que padecen millones de nuestros connacionales sin salida pronta aparente y preocupación porque no pueda, en mi columna semanal, recoger exactamente lo que palpé en la calle el domingo 5 de Enero y motivaraunque fuese algo a la reflexión al liderazgo venezolano y en especial a mis hermanos de la oposición.

El sábado pasado, poco después de las 4 am comencé a hacer cola en La Encrucijada de Maturín para poner gasolina. No había terminado de estacionarme cuando el conductor del vehículo que me antecedía se bajó a saludarme lo que me obligó a renunciar al libro que había llevado para la previsible larga espera. Minutos después eran varios los que me rodeaban, compañeros de tertulia por horas en las cuales hablamos de todo y nos quejamos de todo para cada cierto rato alguno insistir con la pregunta, palabras más, palabras menos: “¿Y hasta cuándo será esto?”.

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Luego del mediodíapasé buscando a Larissa y partimos a Caracas. Ella debía asistir al día siguiente a la elección de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional y yo el lunes incorporarme a mi trabajo en la UNITEC.

El domingo la llevé a la casa nacional de AD desde donde saldría, con otros diputados de la oposición, al Palacio Federal. Nos despedimos con un beso y mi ruego que se cuidara pero a pesar de su insistencia que me fuera a descansar, resolví darme una vuelta por el Capitolio. A una cuadra de la Esquina de El Chorro un cordón de la PNB me impidió avanzar: muy decentemente una oficial me indicó que no podía seguir con mi vehículo por lo que resolví estacionarme casi al frente de la estación del Metro. Llamé a Larissa y le advertí que estaba cerrada la Avenida Universidad, a lo que contestó que igual por allí se moverían. Pasé la barrera caminando y al llegar a la segunda, frente al edificio del MPPEU, me detuve y empecé a conversar con unos curiosos que ya se aglomeraban. Minutos después llegaron los buses con los diputados opositores y al bajarse empezó el forcejeo para continuar a la sede de la Asamblea Nacional. Permanecí con mis compañeros de esquina que se limitaban a mirar lo que sucedía a pocos pasos. Cuando me di cuenta que Larissa pasó,caminé las calles aledañas por las cuales transitaba mucha gente. Lleguéhasta la Plaza Bolívar, me senté un buen rato frente a la estatua ecuestre de El Libertador, tomé café y apoyé a un par de viejitos enamorados a tomarse unas fotos con un pelotón de Guardias Nacionales escudos en mano de fondo. Me mantuve dando vueltas y hablando con unos, con otros  hasta pasada las 3 cuando Larissa me llamó para decirme que salían del Palacio Federal para otro sitio que luego resultó la sede de El Nacional para sesionar allí dado que no habían podido hacerlo en la sede oficial del parlamento.

En Los Cortijos estacioné muy cerca del edificio de la familia Otero. Pasada las 5 y muerto de hambre me escapé en busca de algo de comer y solo fue en una arepera de Las Mercedes que encontré abierta que pude hacerlo. Mientras me tomaba un sancocho de lagarto buenísimo observé que todas las mesas estaban llenas y la gente la pasaba bien. Barriga llena, regresé hasta que alrededor de las 9 de la noche salió Larissa, cansada pero satisfecha porque habían reelecto a Juan Guaido como Presidente de la Asamblea Nacional. “Fue un díamuy duro” me dijo, no solo para ella estoy seguro, sino para cualquiera de los Diputados, muchos de ellos mis amigos, a quienes quiero y admiro.

No quise comentarle nada, porque ella se toma muy en serio la investidura que los pueblos del Delta le confirieron y pone el corazón en lo que hace, tomando riesgos y pasando “roncha” sin necesidad pero al verla y recordar a los muchos con los que había compartido –o simplemente mirado-  desde la cola en Maturín en la madrugada anterior, pasando por las calles del centro de Caracas y la arepera de Las Mercedes que eran, que son pueblo, y a los cuales aparentemente la suerte de quienes apuestan el pellejo por ellos parecía no importarles, me pregunté: ¿Y el pueblo? ¿El pueblo por el cual unos muy pocos entregan tanto, porque estuvo ausente? No tengo respuesta pero creo que es urgente el descubrir que pasa que ahora: “Pueblo no hay”.

Por: Luis Eduardo Martínez

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