sábado, 30 de mayo del 2020

#YoMeQuedoEnCasa

3:56 pm
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Escribo estas líneas, lunes 16 de madrugada, desde mi casa de Maturín. El sábado preparaba maletas para viajar a Estados Unidos cuando supe de la prohibición de los vuelos a Republica Dominicana y Panamá, ultimas rutas abiertas para salir del país. Muy temprano el domingo,  informado que era inminente el cierre de varias ciudades, salí de Caracas y al final de la mañana arribé a Monagas.

 

Me tomo en serio el coronavirus y espero que todos hagamos lo mismo; meses atrás no había oído hablar de tan mortífero asesino y menos del COVID 19 que es la denominación dada por la  Organización Mundial de la Salud (OMS) a la enfermedad cuyo primer brote surgió en Wuhan a finales de noviembre del año pasado.

Presté poca atención al principio pero luego me interesé cuando el virus comenzó a propagarse y de China pasó a las dos Coreas, Taiwán y Hong Kong donde las autoridades impusieron férreos controles y aislamientos que lucían exagerados pero que a estas alturas se ha demostrado como lo más eficaz para limitar la ahora declarada oficialmente pandemia.

Cuando saltó a Europa, cuyos sistemas de salud se precian de los mejores del mundo, creí que sería cosa de pocos días el abatimiento del coronavirus mientras que en las redes comenzaban a multiplicarse recetas algunas tan risibles como los collares de cebollas. Asombrado observé el crecimiento exponencial en Italia y luego en España pero me alarmé cuando leí a Ángela Merkel declarar que entre 50 y 70 millones de alemanes, de una población de 82, podría llegar a verse afectada. Días después hablando con mi hija Isabel, que estudia en Londres, me contó que el primer ministro Johnson había afirmado por televisión que el 70 % de la población del Reino Unido se contagiaría y con la tradicional flema británica agregó: “Debo sincerarme con ustedes, muchas familias van a perder sus seres queridos”.

El epidemiólogo de Harvard, Marc Lipsitch señaló,  en Wall Street Journal, que el virus podría atacar de 40% a 70% de la población mundial, si bien muchos de los potenciales casos serían leves o asintomáticos. Ira Longini, asesora de la OMS recientemente estimó que la cifra podría llegar a los dos tercios de la población mundial mientras que Gabriel Leung de la Universidad de Hong Kong dijo que con un contagio de 2,5 personas por infectado, el mal podría afectar a un porcentaje entre el 60% y el 80% de la población.

Cuando anoche, después de la cadena presidencial oí en CNN que según la OMS el coronavirus registra una tasa de mortalidad del 3,4% a nivel global dormí mal y al despertarme apoyado en el Dr. Google y en uno de los hijos dilectos del ahora retirado Bill Gates –Excel- realice unos rápidos cálculos: Población mundial proyectada a la fecha: 7,625 millones de personas por 0.40 ( tomando el estimado bajo de 40 % del harvariano Lipsith) por  0.034 (tasa de mortalidad global según la OMS) eso es igual a casi 104 millones de muertos; léase bien 104 millones de muertos, 104 millones de padres, madres, hijos, hermanos, abuelos, amigos muertos, 104 millones de muertos que es más que la suma de los muertos en la totalidad de las guerras en el planeta desde el Siglo XVIII y que conste que es el cálculo bajo.

Contra el coronavirus no hay bravos ni inmunes: nadie está a salvo y es irresponsable no tomar tantas previsiones como sea posible la primera evitar la propagación. Pasados 3 meses China logró contener al coronavirus y sus vecinos ya citados también. Hoy está en Venezuela como en más de 150 países, entre ellos la primera potencia mundial  Estados Unidos, por lo que es estúpido echarle la culpa al gobierno o a la oposición. De lo que se trata  es evitar lo peor y remar juntos para minimizar el contagio.

Por cierto, para el locaje que anda por allí suelto, recomiendo buscar el último comunicado del Estado Islámico donde anuncia que pospone sus atentados terroristas por el coronavirus. Hasta esos bichitos entienden que lo de ahora es poner cada quien de su parte para enfrentar al mal que amenaza la existencia misma de la humanidad.

Y como quiero echar el cuento a mis nietos definitivamente #YoMeQuedoEnCasa.

Por: Luis Eduardo Martínez

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